APOLOGIA DE LA VERDAD: IDENTIFICANDO LAS FALSAS RELIGIONES

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Contents

  1. Cataluña, País Vasco y Navarra
  2. Carta El cristianismo no es una ideología | Apología
  3. Menú principal

Por tal motivo, el artista de turno, la estrella deportiva o de pasarela, el elegido del reality show o de la pieza publicitaria, se convierten, aunque de forma efímera, en divinidades. La aparición de las religiones civiles en el mundo moderno como formas de dominación social. Lo sagrado teísta da paso a lo sagrado secular, que debe reconocerse concentrado en nuevas instancias de lo individual y de lo social, pero al desvanecerse las religiones teístas para darle paso a las religiones civiles, tal como había sido previsto por la modernidad, se producen las condiciones ideales para mantener al prosélito en nuevas condiciones de dependencia, en virtud de esquemas de ilusionismo de corte religioso.

He aquí el sentido primigenio de la experiencia religiosa. No debe entonces darse por descontado que:. Los seres humanos, extremadamente complejos y en constante evolución, buscan una orientación fundamental capaz de satisfacer sus necesidades vitales en medio de inagotables procesos de colaboración y de conflicto. En el pasado, lo sagrado era rendir culto a realizaciones colectivas. La cultura tecnocientífica moderna sacraliza la libertad individual [Prades, ]. Lo trascendental ya no es lo divino o lo sagrado, sino lo social y lo individual, que cumple una función reguladora.

Por ello, Salvador Giner puede sostener que la religión civil. Para entender mejor lo que significa la religión civil nos acogemos a algunos puntos esenciales que parten de la caracterización que llevó a cabo Giner , en la que destaca los elementos fundamentales que la definen en el mundo moderno. La religión civil es la resultante de un desarrollo histórico de la sociedad laica frente a la sociedad política y religiosa; el perfeccionamiento de la burguesía, del individuo moderno, permitió su surgimiento y su hegemonía.

La Revolución Francesa liberó a la sociedad civil de la opresiva monarquía, el individualismo burgués desató la independencia económica y la libre empresa. De acuerdo con lo anterior, y siguiendo a Giner, la religión civil, en tanto estructura de normalización, de condicionamiento social y manutención del statu quo, garantiza entre otras fuerzas un modo de dominación social. La religión civil convalida todo un sistema de distinción y de estratificación entre los individuos, de diferenciación tanto de autoridad como de privilegios y de derechos. Por esto, Giner concluye que:. Los medios de transmisión son en realidad y ante todo medios de constitución [Giner, ].

En conclusión, estamos de acuerdo con Giner en que la voluntad general de las sociedades, lejos de constituirse sobre la autodeterminación individual y colectiva, parte ahora, como lo hacía antaño, de valores externos y forzados, propios de una organización neorreligiosa que se nutre de los mismos principios que cualquier ortodoxia dominante, también de corte religioso. Esto ocurre por la ausencia de racionalidad y de pensamiento crítico, el cual deviene naturalmente hostil dentro de cualquier forma de idealización religiosa. La religión civil es una forma atenuada de la sobrenatural.

Una religión tal vez atea. No es la primera. Cada época genera la sacralidad que necesita y a la nuestra le cuesta creer en un Dios perverso. La hipermodernidad es avalada y espoleada por la cultura del consumo, que ve en estas modalidades de orientación religiosa la marcha a un nuevo reino, no ya de Dios, sino de los seres humanos pasivos, en el interior de un mercado sacralizado. Pasividad asociada principalmente al modo en que se asumen los actos rituales, ahora entronizados por el consumo.

El mito y el rito en los medios de comunicación: la fabricación de las creencias. Roland Barthes: el mito burgués y los medios de comunicación. En Mitologías , 6 Roland Barthes parte de dos preocupaciones capitales. La segunda es la manera tan natural con que esto se lleva a cabo como un proceso perteneciente a la historia, constituido en una forma de dominación ideológica normalmente oculta pero a la vez celebrada.

La revista

En cuanto habla, es decir, como algo que significa algo, el mito pertenece a la semiología. Nuestra prensa, nuestro cine, nuestro teatro, nuestra literatura de gran tiraje, nuestros ceremoniales, nuestra justicia, nuestra diplomacia, nuestras conversaciones, la temperatura que hace, el crimen que se juzga, el casamiento que nos conmueve, la cocina que se sueña tener, la ropa que se lleva, todo, en nuestra vida cotidiana, es tributario de la representación que la burguesía se hace y nos hace de las relaciones del hombre y del mundo [Barthes, ].

Estas representaciones se hacen efectivas en igual medida en que la ética burguesa las normaliza y naturaliza. Si el mito se caracteriza por su facilidad de sortear la historia, si el mundo que da liberado de su emergencia dialéctica, y lo real queda trastocado por la prestidigitación de lo concreto en una relación de esencias, entonces la ideología burguesa se las arregla de la misma manera para que los actos humanos se sumerjan en una realidad sin contradicciones, ideal, en medio de lo que Barthes llama claridad feliz.

Cataluña, País Vasco y Navarra

Resulta entonces que el mito burgués no se asienta en la preocupación de actuar sobre las propias cosas, sino en la estrategia para hablar de ellas; no enfrenta la realidad social en forma directa sino que crea distractivos nominales que hacen las veces de acción real. Así, si el hombre no tiene nada que ver con ellos tampoco tiene libertad frente a ellos. Esta vulnerabilidad o fragilidad emocional es fuertemente capitalizada por el mundo burgués para sus propios fines y reconocidos beneficios.

He aquí al universo burgués construyendo su propia imagen.

El problema del fetiche en la comunicación de masas: un acercamiento desde Armand Mattelart. Armand Mattelart, en Medios de comunicación: mito burgués vs. En términos generales, el fetiche se define como cualquier realidad abstraída de su condición real y colocada en otra, en la cual adquiere una significación especial. Tanto en una como en otra visión se procura ocultar una realidad subyacente de las relaciones sociales, y ello precisamente por obra de una mitología puesta en circulación por las clases dominantes.

Así, la entidad medio de comunicación de masas se ha convertido en un actor en la escenografía de un mundo regido por la racionalidad tecnológica" Mattelart, El medio de comunicación de masas es un mito, y en este caso un fetiche, justamente por su condición de instancia ordenadora, reglamentadora, pero a la vez distractora, o mejor, ocultadora de realidades.

La mitología es la reserva de signos propia de la racionalidad de la dominación de clase, una reserva de signos adscritos, ya que deben ser funcionales al sistema social cuyas bases enmascara. De no ser funcionales, revelarían la mistificación de la clase que dictamina la norma de lo que es la realidad y la objetividad [Mattelart, 15]. Salta a la vista la función sociológica del mito burgués, que resume una necesidad moral a través de los usos y costumbres difundidos masivamente en forma de deber ser.

Esta función garantiza que se cumpla la adaptación de los individuos que se integran al sistema social, lo cual no siempre ocurre de modo consciente, antes bien, en los individuos se afianza un proceso de relativa conformidad a esa realidad que se presenta en forma absolutamente natural, sin sospechar de un orden distinto e inequitativo. No hay posibilidad de cuestionar el sistema cuando se ha llevado a cabo un proceso de consolidación tan orquestado y sincrónico por los medios de comunicación, cuya legitimidad y autenticidad, en lugar de cuestionarse, se alaban.

El resultado de la operación es la construcción del imaginario social sobre la creencia en un orden superior que orienta y define el juego de asunción de poderes en el seno de la sociedad. Inocente en sus intenciones y determinante en sus propósitos, establece su eterna reproducción. Los sueños y las aspiraciones de la clase dominante se vuelven cruzada espiritual y se justifican por medio de una mitología hiperintencionada que cobra vida en la estructura del sistema gracias a la infraestructura aportada por los medios de comunicación. A través de la experiencia vivida de la representación colectiva burguesa, el emisor se hace cómplice de la perpetuación de un sistema que en su intención hasta puede impugnar" Mattelart, He aquí el papel de los medios de comunicación cuando terminan siendo una tribuna desde donde se replica una moral económica convertida en deber ser , que al final, desde el punto de vista ideológico, no se impugna, ya que se erige en una clara forma de creencia divulgada desde una segunda y veraz instancia de institucionalidad.

Para hablar en sentido estricto de mitos y ritos en los mass-media , conviene referirse a los aportes de Jean Baudrillard, en particular en La sociedad de consumo. Sus mitos, sus estructuras y en Crítica de la economía política del signo a. Este principio no es un intangible milagroso, sino el funcionamiento de una identificación de significados.

De esto resulta que el fetiche, lejos de ser, como en Marx, un problema referido a la falsa conciencia, consagrada al culto del valor de cambio, se desprende en definitiva de una reproducción ampliada de la ideología que funciona en la estructura del sistema. El surgimiento del fetiche resulta de una estrategia con función ideológica, que instaura como signos distintivos del sujeto el éxito, la salud, la belleza, la felicidad, el estatus y toda una serie de nominaciones de valor social.

La propia sociedad de consumo fabrica sus ídolos, entroniza sus dioses, sus fetiches de culto y de encantamiento. Al mirar el proceso por el cual han pasado los objetos en diferentes momentos de la historia, desde los objetos de culto de las sociedades primitivas hasta los objetos-signo propios de la ideología política de la sociedad de consumo descrita por Baudrillard , nos encontramos con una progresiva pérdida de contacto con el mundo natural, con una desritualización del universo social en el sentido de lo simbólico y con una incentivación de la vivencia del objeto-mercancía y el objeto-signo, es decir, dos formas de abstracción, de alejamiento, de ausencia del mundo real, del mundo transformado en objeto de uso, del artificio social y, por ende, de la relación política con el socius , con la naturaleza y con la propia subjetividad Guattari, El consumo de objetos es en realidad un mecanismo de distinción, de prestigio y de discriminación, que establece moralmente las relaciones sociales, y que dispone una organización y un orden basados en jerarquías.

La institución social coactiva, como la llama Baudrillard a , revela esta faceta fundamental de la integración social. Hace tres décadas se compraba, se poseía, se gastaba, pero no se consumía. El consumo propiamente dicho es un fenómeno actual que rebasa la satisfacción de las necesidades. El objeto material se disuelve ahora en un signo que es consumible: lógica abstracta de las ideas y de las representaciones que maneja la cultura de las mediaciones.

Ahora no es la satisfacción sino la idea de satisfacción, abstraída en el sueño colectivo, la que prima en el deseo que se hace autoritario. Para Baudrillard a , la actividad cultural por excelencia reside en el consumo; paradójicamente actividad paralizante del sujeto político, del sujeto que debiera consolidar los marcos vivos de la historia. Así, en este contexto puede verse la completa desvirtuación del gesto ritual, es decir, la anulación del dinamismo de una sociedad que debería autoconstruirse a partir de sus propias acciones.

La sinergia colectiva queda agazapada en un esquema impuesto por un sistema productivo que necesita capturar la voluntad de los entes del consumo y convertirlos en resignación consumidora colectiva. Los medios, y en particular el discurso publicitario, son el terreno fértil de la simulación, del montaje acomodaticio, de la estratagema para la construcción de una realidad enfocada no al mundo real, sino a uno impuesto.

Carta El cristianismo no es una ideología | Apología

No en vano. Pues, tanto los publicistas como los periodistas son operadores míticos: teatralizan y fabulan el objeto o el acontecimiento. Lo dan "reinterpretado", en casos extremos, hasta lo construyen deliberadamente. Es preciso pues, si se quiere juzgar con objetividad todo esto, aplicarle las categorías del mito: éste no es ni verdadero ni falso, y la cuestión no es creer o no creer en él [Baudrillard, cit.

No imponen un hecho, sino que naturalizan un acontecimiento; producen toda una escenografía de creencias y valores que pasan por encima del fenómeno mismo y construyen una fabulación a partir de él. Lo importante en esta operación es eludir la actitud pensante, reflexiva, y basarse en posturas muy racionalizadoras o en la emotividad del momento, en la sugestión circunstancial, en la creación de una atmósfera de irrealidad propicia para la instauración de un "mundo feliz". De la permanencia de los rituales instituidos por los medios y la publicidad se concluye que ellos vacían la capacidad de acción de los individuos y los someten a un peligroso juego de enmascaramiento; capacidad de acción que queda anquilosada en una pobre actividad ritual del sujeto espectador; enfriamiento ritual que deja como resultado una subjetividad sometida a un llano juego de emulación, difícilmente autoreferenciada y fuertemente sumisa, que alberga la ilusión de una acción que se complace en la reiterada labor del consumo o en el vano espejismo de parecerse a las vedettes de las pantallas.

Para Baudrillard, aquí yace la desaparición de lo social a causa del desvanecimiento político, en virtud de una realidad que es sólo una realidad de acontecimientos, no de hechos, de. Poseemos una historia que ya ha dejado de consistir en acción, en actos, [ A esto Baudrillard lo llama "el crimen perfecto", una historia contada en libretos acomodados previamente y ante la cual el sujeto político desaparece en calidad de actor para convertirse en un émulo espectral. Las transformaciones que se dan en las propias estructuras de poder determinan un orden funcional de relaciones sociales diferente, en las cuales se ven reflejadas fuertes mutaciones en los distintos campos simbólicos del ser humano.

Los resultados de la operación son unos medios de comunicación en los cuales, de forma acrítica y allende la responsabilidad social, continuamente se hace una apología de la propiedad privada, de la competencia indiscriminada, de la constante acumulación, de la producción desenfrenada y del paroxismo del consumo; donde los problemas sociales de base se discriminan, se enmascaran, se ocultan o simplemente se trivializan.

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La cibernética y en concreto la revolución digital han transformado el paisaje cultural de las sociedades en su avance sin límites y, por ende, han creado también otro proyecto de subjetividad Guattari, El poder hipnótico de la televisión y de internet logran resultados que dejan sin sustento cualquier razonamiento a la hora de juzgar la pertinencia de los roles de quienes agencian la comunicación. Dentro de su diversificación y expansión, los medios de comunicación maniobran de tal modo que generan un sistema de coerción anónimo pero muy efectivo, que logra prescindir de la fuerza como mecanismo de imposición ideológica y legal.

Se debe cuidar la instancia maravillosa, el Deus oculto que ordena y sacramenta la realidad. Sal , ; Job 34, ; Ecle 12, 7. Juan Pablo II pone en relación con la comunicación del Espíritu la creación del hombre a imagen de Dios y en la amistad divina [37]. La tragedia del pecado consiste en que en lugar de la cercanía entre Dios y el hombre viene la distancia. El espíritu de las tinieblas ha presentado a Dios como enemigo del hombre, como amenaza cf.

Gén 3, [38]. Pero Dios se ha acercado al hombre a través de las diversas alianzas de que ya nos habla el AT. La imagen y la semejanza significa desde el principio capacidad de relación personal con Dios y, por tanto, capacidad de alianza.


  • Más Vale Maña Que Muerta.
  • La historia de Moro-Blanco.
  • Apologia de Socrates [Resumen].

Así Dios se ha acercado gradualmente a los hombres, a través de las diversas alianzas con Noé cf. La Nueva Alianza, al contrario de la precedente, no es de la letra, sino del Espíritu 2 Cor 3, 6. Es la alianza nueva y universal, la alianza de la universalidad del Espíritu. El Espíritu es llamado dynamis , Hech 1, 8 , y la dynamis incluye la posibilidad de una dirección.

El que unge es el Padre, el ungido es el Hijo, en el Espíritu que es la unción. El se ha ofrecido al Padre en virtud del Espíritu eterno Heb 9, 14 , en el que ha sido ungido.

Esta unción se extiende al Cristo total, a los cristianos ungidos por el Espíritu, y a la Iglesia. El Cristo total incluye en cierto sentido a todo hombre, porque Cristo se ha unido a todos los hombres [43].