Ciencia, técnica y poder político en el pensamiento de José Ortega y Gasset

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Contents

  1. Menú de navegación
  2. José Ortega y Gasset
  3. Domingo Fernández Agis - Wikipedia, la enciclopedia libre

El pueblo sabía ya que era soberano, pero no lo creía. Hoy aquel ideal se ha convertido en una realidad en el corazón de todo individuo, cualesquiera que sean sus ideas, inclusive cuando sus ideas son reaccionarias. Y cuando algo que fue ideal se hace ingrediente de la realidad, inexorablemente deja de ser ideal. La subida del nivel histórico desde el punto de vista espiritual se manifiesta igualmente en "el crecimiento de la vida en su dimensión de potencialidad.

En el orden científico, la potencialidad vital también se ha manifestado, y así venos que en el campo deportivo se han superado todos los records y performances de las épocas anteriores "convenciéndonos de que el organismo humano posee en nuestro tiempo capacidades superiores a las que nunca ha tenido'". La masa es el conjunto de personas no especialmente cualificadas" Pero en rigor, dentro de cada clase social hay masa y minoría auténtica. Lo mismo en los grupos supervivientes de la "nobleza" masculina y femenina.

Porque el respeto a la ley obliga a sostener en sí mismo una. Ignora que la ley, encauzadora de la convivencia y que las virtudes de hombres ejemplares que han influído con sus gestos y con sus actos a forjar una nación, son los que le han hecho posible el nivel material y espiritual de que hoy goza. La criatura sometida a este régimen no tiene la experiencia de sus propios conflictos. Como dice Ortega, cree la masa que tiene derecho a imponer y a dar vigor de ley a sus tópicos de café Ha alcanzado al hombre de ciencia y al profesional, al ingeniero, al médico, al economista, al profesor.

En la generación subsiguiente, la ecuación se ha desplazado, y la especialidad empieza a desalojar, dentro de cada hombre de ciencia a la cultura integral. La política vacía al hombre de soledad e intimidad, y por eso es la predicación del politicismo integral una de las técnicas que se usan para socializarlo" Masas y minorías directoras en el proceso histórico. Este fue el caso de Grecia, y éste el origen de su inestabilidad histórica. En cuanto a España. Aquí lo ha hecho todo el pueblo, lo que el pueblo no ha podido hacer se ha quedado sin hacer.

El fenómeno de la ejemplaridad y de la docilidad en la relación de las minorías directoras con las masas. Entonces, se dice, "que hay hombres". Entonces, para justificar su inepcia y acallar un íntimo remordimiento, la masa dice que "no hay hombres".

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El estado de vertebración de una nacionalidad depende, en consecuencia, de factores morales, de la existencia de una minoría selecta que posea virtudes, es decir, fuerza social suficiente desde el punto de vista moral, para poder encauzar la acción de las masas. Porque las masas son dóciles a los ejemplos y de esta docilidad surge su obediencia. Pero cuando tales minorías selectas dejan de cumplir su papel histórico, cuando se limitan a ejercer el poder por medio de mandatos y no de ejemplos, empiezan a desertar de su función propia que es la de fundamentar el mando en el ejemplo.

En qué consiste la rebelión de las masas.

4.2. La vida como drama: proyecto y vocación

Su sensación íntima de dominio le incita constantemente a ejercer predominio. En el sufragio universal, en sus primeros tiempos, no deciden las masas, sino que su papel consistió en adherir a la decisión de una u otra minoría. Estas presentaban su programa, programas de vida colectiva.

José Ortega y Gasset

En suma, vive sin programa de vida, sin proyecto. Por eso no construye nada, aunque sus posibilidades, sus poderes, sean enormes El resultado de la rebelión de las masas se aprecia tanto desde un punto de vista sociológico e histórico como. Como eso es positivamente imposible, desde el punto de vista histórico y social, la nación prosigue aceleradamente su trayectoria de decadencia.

Se produce la invertebración nacional, desaparece la vértebra que mantenía en pie, derecho y en movimiento el cuerpo social y la nación se diluye y semeja lo que profundamente ha llegado a ser: una gran masa amorfa. Tal fue el fenómeno que con rectitud intelectual y con valentía moral, que seguramente le costó muchos sinsabores, Ortega denunció en su propio país, en su famoso ensayo sobre "España invertebrada". Desde el punto de vista político, el efecto de la rebelión de las masas se manifiesta en lo que Ortega llama una hiperdemocracia. Su abuelo paterno, abogado, había trabajado como redactor en diversos periódicos, lo mismo que su padre, José Ortega Munilla.

Su abuelo materno, Eduardo Gasset y Artime, había fundado en el periódico El Imparcial , actividad que alternó con la política: habiendo sido anteriormente diputado, después de su participación en la revolución de fue concejal de Madrid y ministro de Ultramar durante el reinado de Amadeo de Saboya.

De clara tradición política liberal, formó parte de la primera junta directiva de la Universidad Libre, embrión de la Institución Libre de Enseñanza. Un hijo suyo, Rafael Gasset, también tuvo una intensa actividad política: diputado desde muy joven, fue ministro con los gobiernos de Silvela, Moret, Canalejas, Romanones y García Prieto.

Tampoco su cuñado Ortega Munilla era ajeno al mundo político, aunque su falta de ambición le llevó a rechazar por dos veces una cartera ministerial y acabó renunciando a su escaño en las Cortes.

Domingo Fernández Agis - Wikipedia, la enciclopedia libre

La vocación liberal, periodística y política de Ortega y Gasset era una tradición familiarmente arraigada. Desde inicios de hasta marzo de Ortega marchó a Alemania para estudiar en las universidades de Leipzig y Berlín.


  1. José Ortega y Gasset;
  2. VI Encuentros de Filosofía.
  3. Domingo Fernández Agis.
  4. La rebelión de las masas;
  5. 97 Globos rojos (los hermanos Borelli nº 2).
  6. LLANO ADENTRO EN LETRA VIVA: Volumen II.

Entre otros, allí tuvo como profesores a Simmel y a Wundt, y comenzó a introducirse en la filosofía de Kant, lo que sería clave para su evolución filosófica. En octubre de volvió de nuevo a Alemania, esta vez a Marburgo, donde permaneció un año. La Universidad de Marburgo era sede de una de las principales escuelas neokantianas del momento, que tenía como principales figuras a Hermann Cohen y Paul Natorp, con quienes Ortega siguió varios cursos y seminarios. En los años posteriores y hasta el estallido de la Guerra Civil Ortega apenas salió de España, excepto los importantes viajes a Argentina en y Junto con su labor docente en la Universidad, durante los años 10 y 20 Ortega desarrolló un importante esfuerzo en el campo editorial.

A comienzos de puso en marcha una nueva revista, España , de la que abandonó la dirección antes de un año. Desencantado, decidió abandonar definitivamente la política después del verano de Con el inicio de la Guerra Civil, en verano de , se vio obligado a huir de Madrid, donde su vida corría serio peligro; gravemente enfermo, hizo una primera parada en París, hasta que en decide partir y establecerse en Argentina. Allí no recibió una acogida muy buena, y no encontró las fuentes de ingreso que había imaginado. Por ello, en se trasladó a Portugal, donde fijó su residencia hasta el final de sus días.

Pero en Portugal pudo hallar cierta tranquilidad y estabilidad, lo que le permitió reanudar su trabajo; allí emprendió algunos importantes escritos de madurez filosófica, muchos de los cuales quedaron inacabados. Tras una primera estancia breve en , a partir de Ortega comenzó a prodigar sus viajes a España, donde impartió varios cursos y conferencias. Ortega falleció en Madrid el 18 de octubre de En cualquier caso, es evidente un primer momento neokantiano en su trayectoria a partir de sus primeras estancias en Alemania, iniciadas en A la vez, también toda su vida se rebeló, otro rasgo importante de su pensamiento posterior, contra el cientificismo y el apriorismo caracterísiticos de esta escuela.

Ortega y Gasset y la técnica - Antonio Diéguez - Programa Eidos

El paradigma fenomenológico fundamental en el que se mueve Ortega durante estos años se aprecia de modo especialmente evidente en el curso impartido en Madrid en publicado como Investigaciones psicológicas [OC XII] y en el curso profesado al año siguiente en Buenos Aires, Introducción a los problemas actuales de la filosofía [OC-NE VII], en los que la superación al estilo husserliano del positivismo y el psicologismo constituye el hilo argumental.

Pero a partir de finales de los años 10 y de modo especialmente nítido en la primera mitad de los años 20, los escritos de Ortega dejan de moverse dentro del paradigma trascendental husserliano para encuadrarse dentro de un vitalismo biologicista en el que ocupan el primer término las influencias de autores como Scheler, Bergson, Simmel o Nietzsche. Esta disparidad de etapas e influencias ha provocado numerosas discusiones entre los intérpretes acerca de la continuidad, consistencia y coherencia de su pensamiento y sobre su originalidad, puesta a menudo en duda.

Tras su etapa neokantiana, el principal caballo de batalla del pensamiento de Ortega es el combate contra el idealismo subjetivista propio de la modernidad y del racionalismo, para el que la realidad queda reducida a un yo absoluto y autorreferencial que carece de alteridad verdaderamente real y cuyo despliegue acaba encerrado en el mundo de la utopía, la abstracción extrema y la arbitrariedad.

En este sentido, como ha mostrado con acierto el idealismo, señala Ortega, los planteamientos del realismo premoderno no cumplen esta exigencia de fidelidad a la evidencia: esta posición asume que lo real tiene una realidad previa e independiente al sujeto que lo conoce, supuesto que no forma parte del modo como la realidad se presenta originariamente al hombre. La crítica al idealismo la expone Ortega en muchos de sus escritos. El primer punto se refiere al modo como Descartes interpreta el ser de la realidad diferente del yo.

El filósofo francés asume sin analizarla a fondo la interpretación realista, cuya no evidencia había quedado patente: entiende como realidad ser absolutamente independiente del yo. De esta evidencia carece el objeto, cuya relación con el sujeto no es por tanto ni originaria ni inmediata. De ahí se concluye, por tanto, que el sujeto remite necesariamente a sí mismo, pero no necesariamente, y desde luego no de modo primario, al objeto.

Ahora bien, frente a esto Ortega afirma que al sujeto le es necesaria, por su misma estructura interna, la relación con el objeto: lo que es presente a la conciencia no es primaria ni inmediatamente lo propio del sujeto, su actividad, sino el objeto en cuanto objeto; por tanto, esta relación no es ni accidental ni externa, sino constitutiva. En definitiva, el acto de conciencia, lo que el idealismo había situado como principio fundamental, no se puede explicar unívocamente desde el sujeto. Sólo con sujeto no hay acto de conciencia, que no es una mera autoposición o autoconciencia.

La conclusión es clara para Ortega: lo originario no es la absoluta posición del sujeto, sino la relación entre sujeto y objeto. Esta relación no puede ser por tanto ni accidental ni externa, porque en ella ambos se constituyen como tales; no tienen estatuto metafísico previo, anterior o fuera de ella.

Es lo metafísicamente primario, es aquello en lo que consiste el acto de conciencia, el necesario punto de partida: es una relación interna a la estructura del sujeto. El acto de conciencia es efectivamente condición de realidad; pero esto no significa privilegiar al sujeto, puesto que él es en sí mismo insuficiente: el subjetivismo es esencialmente el error idealista. Esta mutua coactuación se escapa del yo pensante autosuficiente como principio absoluto de la filosofía: quiéralo o no, el sujeto es íntimamente afectado siempre por lo que no es él.

Sólo así puede situarse la íntima e indisoluble unidad de sujeto y objeto como la forma primaria de realidad.


  1. El Bicentenario de la Independencia. Legados y realizaciones a doscientos años;
  2. VI Encuentros de Filosofía!
  3. Navegación.
  4. Breve reseña de la historia del reino de las Dos Sicilias;

Pensar no puede ser, por tanto, la relación primaria con la realidad.