El color, la realidad y nosotros: ¿Cómo percibimos nuestro mundo?

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Contents

  1. El lenguaje, ¿determina nuestra percepción de la realidad? (o la hipótesis Sapir-Whorf)
  2. EL COLOR, LA REALIDAD y NOSOTROS (Dardo Bardier)
  3. El Color La Realidad Y Nosotros Cmo Percibimos Nuestro Mundo Free Download
  4. Online Reading El Color La Realidad Y Nosotros Cmo Percibimos Nuestro Mundo Free Download

La percepción sensible es, se puede afirmar, ante nada, presentadora de las cosas con las cuales nos relacionamos. Sin tal condición, sin sensibilidad , algo así como "cosas corrientes" sería impensable. A este propósito contribuye en gran medida tomar en cuenta algunas consideraciones de Wilhelm Schapp.

Se trata de su tesis doctoral, Aportes para una fenomenología de la percepción , redactada bajo la supervisión del propio Husserl. Asimismo, al tocarla, la hoja es percibida con cierta lisura, aunque no del todo constante. En este contexto, Schapp , p. Ciertamente, tomada de Husserl, 14 esta distinción desarrollada por Schapp es sumamente conveniente en cuanto permite ordenar las dimensiones del aparecimiento sensible de un objeto.

En primera instancia, podríamos hablar de la percepción de un espacio en general. No es difícil advertir que las cualidades visuales exponen espacio. La extensión completa de un paisaje sólo es percibida mediante los colores que la presentan.

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Igualmente, los sonidos también parecen donar un espacio. El ruido de la vajilla, en efecto, que se escucha al otro lado de la pared abre espacios determinados SCHAPP, , p. En cuanto a la visión, el color acompaña en cada momento las dimensiones de lo observado. Por otro lado, el sonido también habla de las dimensiones de los cuerpos, como cuando se escuchan las diferencias de tamaño de los vehículos que transitan por una calle aledaña.

Y esto no sólo si se desliza la mano a lo largo de una superficie. Si se cubre un libro con un trozo de género, las texturas presentan la rugosidad del género, no obstante, tocamos, a través del mismo, el objeto cubierto, advirtiendo sus propias dimensiones, esto es, la "estructura de su superficie" KATZ, , p.

Tales vivencias, comenta el mismo Katz, serían comunes en la praxis médica , p. El médico trata con el cuerpo del paciente con sus guantes de goma, y, aunque la percepción de las texturas queda inhabilitada, palpando, éste puede enterarse sin dificultades del tamaño y estado de los órganos internos que examina. La dimensión espacial del objeto, por ejemplo, ya no puede ser considerada como un dato sensible.

Lo mismo ocurre con la dureza o blandura, la flexibilidad o solidez, el peso o la liviandad.

El lenguaje, ¿determina nuestra percepción de la realidad? (o la hipótesis Sapir-Whorf)

Todas estas propiedades pueden ser consideradas como constitutivas de las mismas cosas, empero, es posible distinguir sin problemas su naturaleza eminentemente objetual de aquella que corresponde a los datos sensibles. Tomando en cuenta lo anterior, lejos estaríamos ya de entender las cualidades sensibles como meros estados nerviosos en el sujeto. Mientras esta interpretación arroja a lo sensible a la externalidad de una instancia material, los nervios, ella sesga, a la vez, su rol primario de exhibidor de las cosas del mundo.

Mas, en razón de esta condición presentativa , afirmamos, es que las cosas no se componen precisamente de asperezas, sonidos, sabores, colores, luminosidades, sino, en estricto rigor, de propiedades cósicas como peso, consistencia, elasticidad, etc. En definitiva, el mundo propio de la sensibilidad muestra su auténtica primacía para la vida corriente: se trata de aquella esfera omnipresente , el hogar en el que nos guarecemos, cuando vivimos corrientemente en un mundo cotidiano y concreto.

Dicha propiedad parece asociarse tanto a la vista como al tacto, ya que ruidos, olores y sabores no exponen tal propiedad. Es propio, podemos decir con él, en el nivel sensible tal aparición "perspectivística" del objeto percibido. En dicha esfera, las figuras presentan una constante y característica "deformación". Ella exhibiría auténticas discontinuidades al tocar la arena, por ejemplo, mientras que visualmente percibimos sólo un continuo.

En este contexto, surgen interrogantes sugerentes al momento de abordar el problema de la figura. Por una parte, al alejarnos de un objeto rectangular, la agudeza de sus esquinas parece atenuarse, hasta que, a determinada distancia, desaparecen sus cantos. Hofmann destaca que, a pesar de tales diferencias perceptivas, tomamos una de las diversas percepciones como aquella que nos indicaría la "figura visual natural" natürliche Sehgestalt HOFMANN, , p.

Schapp, por su parte, ilustra el problema mediante una ilusión. Es claro que las diversas cualidades sensibles nos presentan un mismo mundo exterior. Cada cualidad sensible nos ofrece una vía para llegar siempre a lo mismo. El daltónico KATZ, , p.

EL COLOR, LA REALIDAD y NOSOTROS (Dardo Bardier)

Se trata de la posibilidad, por ejemplo, de acceder a propiedades sonoras mediante las vibraciones, como ocurre, dicho sea de paso, en el famoso caso de Hellen Keller. Katz , p. Así, no es que percibamos un mundo visual y otro auditivo, sino que, como advierte Schapp , p. Sin embargo, la dificultad de esbozar alguna solución es que se advierten en la cosa presentada diversas propiedades objetuales como solidez, resistencia, elasticidad, flexibilidad, pero que al momento de explorar dónde habita su eventual unidad, no hallamos entre ellas alguna que parezca cumplir tal función.

Desde una mirada ingenua, ésta se entiende como lo invariable de las cosas. De esta manera es que nos vemos conducidos al problema de la identidad del objeto sensible.

A nuestro juicio, algunas consideraciones sobre dicho problema podrían ayudar a esbozar una caracterización del aparecer del mundo sensible en cuanto tal. El supuesto de la substancia podría llevarnos a responder a la pregunta por la identidad de la cosa sensible reparando en su constitución interna.


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  2. Lo Estratégico.
  3. La energía invisible de la selva.
  4. COMUNICACION: Políticas de Comunicación del Estado Plurinacional (Ensayos nº 1);
  5. Cargado por?

Se podría asumir que su mismidad , i. Sin embargo, esto supondría que ésta sería, en esencia, en sí y para sí. Cada acto perceptivo consistiría en la aprehensión de esta o aquella cosa que se presenta, de forma separada. Pero, no todo lo que se exhibe en la percepción parece mostrarse así. Es posible mirar un libro entre muchos en una estantería. No obstante, en tal acto, el libro no aparece como un objeto aislado, sino dado en un trasfondo.

Ahora bien, lo anterior no se corresponde con otro modo de ejecutar la visión.

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Podríamos detenernos nuevamente en el libro, con el fin de detectar en su superficie imperfecciones, rasguños, etc. A diferencia del anterior, en este modo de percepción el objeto conforma el todo, y mientras atendemos a sus partes o sectores, son estos los que se constituyen en la totalidad perceptiva, mientras que lo restante no queda como fondo difuso, sino que palidece y desaparece.

Precisamente, este tipo de observación es el que pareciera servir de modelo cuando se considera que la percepción presenta objetos aislados. Justamente, en el marco de este acto perceptivo se justifica la exigencia de la veracidad de la recepción de la realidad.

A juicio de Schapp , p.

El científico no mira, de hecho, sino buscando información clara, distinta y verdadera de lo que observa. Y es que no habría observación científica si no se cumplieran tales requisitos. En primera instancia, se puede afirmar que no toda percepción se realiza como un examen acucioso, con el fin de obtener características claras y distintas de las cosas. Tal mirada carece de todo tipo de "claridad y distinción". Lo exhibido en la inmediatez sensible no posee caracteres epistémicos, no expone datos "objetivos" para rendir informes sobre ellos, sino, ante nada, se manifiesta en cuanto una posibilidad inmediata de "trato".

Como se advierte, ambos modos perceptivos son muy distintos. En uno, requerimos del objeto claridad y distinción. En el otro, el mundo se nos presenta con cierta imprecisión para habitar entre las cosas. Cuando vemos una araña, aunque luego resulte ser una pelusa movida por una corriente de aire, no "creemos" verla.

En ese instante estamos efectivamente con la araña, sorprendidos o asustados. El hecho de que las cosas en tal nivel no se presenten claras y distintas no implica, entonces, un aparecer "deficiente".

Su efectividad se acredita con todo rigor cuando advertimos que en este modo de aparición es cuando nos instalamos de lleno en nuestro entorno inmediato. Precisamente, es en este punto donde se advierten las ganancias que se obtienen recurriendo al círculo de fenomenólogos tempranos. Cabe señalar que estos trabajos son una fuente valiosa para emprender posteriores consideraciones en el contexto de una fenomenología de los sentidos DIACONU, Son ellas mismas, sustentadas en un suelo de experiencias concretas, las que plantean el problema de la identidad misma del mundo cotidiano, primariamente exhibido mediante las cualidades sensibles.

Se trata de afianzar el modo adecuado de realzar el mundo sensible en su exterioridad e identidad primarias. En el intento de indagar en dicho problema, se puede recurrir nuevamente al trabajo de estos autores para examinar hacia donde parecen dirigirse las consideraciones fenomenológicas emprendidas. Se trata de preguntarnos por qué es que, a pesar de que cuando "objetivamente" debiéramos estar viendo, escuchando o tocando un objeto, resulta que no lo percibimos. Es el caso, por ejemplo, de lo que la psicología denominó "petite perceptions", es decir, percepciones vagas que no constituyen el contenido de la percepción sensible consciente.

En tales casos, la exterioridad del mundo parece enmudecerse. En efecto, el tic-tac del reloj no se exterioriza mientras estamos instalados en la situación del leer. La mesa no es parte, por ejemplo, del ejercicio de atender a aquel con quien conversamos.

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Atendiendo a la esencia de las cualidades sensibles, i. En otras palabras, la exterioridad sensible parece ser tal, en la medida en que se integra en una determinada situación , es decir, la exterioridad de la cosa vendría a acaecer siempre en nuestra situación particular. Un claro ejemplo de este énfasis en la consideración de la sensibilidad en un nivel existencial es Wilhelm Schapp. Resulta interesante dicho giro en sus descripciones para lo que quisiéramos discutir. En efecto, en su obra In Geschichten verstrickt, Schapp advierte que conceptos como "color", "textura", e incluso aquellos con mayor pretensión de concretud, como "dureza", "elasticidad" o "resistencia" han de ser ahora entendidos en relaciones de trato , ya que tales nociones parecieran transgredir la presentación cotidiana de lo sensible.

En efecto, no oímos meros "sonidos", sino melodías agradables o extrañas, murmullos o pasos de un conocido o un desconocido. Una formulación cuidadosa de la sensibilidad cotidiana, en este sentido, no podría recurrir a conceptos como "tacto", "olfato", "oír", etc. Así, el caso de las petite perceptions no podría entenderse como si un "mundo objetivo" proyectase todas las cualidades sensibles posibles, y que ellas estuviesen dispuestas a ser "seleccionadas" atencionalmente por nosotros.

Se advierte, así, que la exterioridad de las cosas acaecería en una determinada perspectiva para nosotros. Dicho mundo es tal, afirmamos, en una presentación enfatizada sensiblemente. A nuestro parecer, es en este contexto donde puede esbozarse una respuesta en torno a la identidad, a la mismidad del mundo exterior. Se puede decir, en efecto, que aquel mundo que resulta ser el inmediato para la vida, aquel cuya presentación depende de la sensibilidad, gana su identidad al interior de dicha relación situacional, es decir, en medio de posibilidades de trato en las que nos hallamos arrojados.

En dicho todo situacional descubriríamos y nos atendríamos siempre al mismo mundo, mas viviendo en la constante variación de su manifestación. La identidad del mundo inmediato acaecería, por tanto, en un horizonte de ocupaciones en las que nos atenemos. Es en ella, pues, donde la cosa sensible adquiriría su particular unidad y su propia exterioridad. Se advierte, entonces, que el problema del mundo exterior es, finalmente, un problema que refiere a nosotros , como quienes le otorgan su propia exterioridad e identidad. Justamente, en tal sentido es que el mundo sensible se nos aparece: en tanto que lo que contamos para poder vivir.

Y es que desde ellas se tiene a disposición un material de consideraciones fenomenológicas detalladas que abren un camino hacia una comprensión del mundo en la intimidad de una relación con la propia vida humana. Con ello se hace posible advertir que la concretud sensible del mundo exterior radica en una exhortación a vivir tratando con las cosas, y no en una mera objetualidad dispuesta a ser conocida.

A nuestro juicio, y como fue el esfuerzo desde los inicios de la fenomenología, su aclaración corresponde a un paso propedéutico necesario en vistas, ante todo, a una aclaración de aquella relación vital que parece acontecer necesariamente entre la vida humana y aquel medio vital en el que ella habita "entre sus propias cosas". Asimismo, Mulligan realiza una exposición detallada de los aspectos centrales de la percepción en Husserl en el programa temprano de su psicología descriptiva.