El telar secreto. Crónica y conversaciones

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Contents

  1. Leonardo da Vinci - Wikipedia, la enciclopedia libre
  2. Abelardo Castillo Crónica De Un Iniciado
  3. Mucho más que documentos.
  4. Menú de navegación

Felizmente, creo haber prestado bastantes servicios a mi antiguo partido. He procurado, en lo que de mí dependía y era posible, endulzar los rigores de una guerra religiosa, y he tenido la suerte de salvar la vida a muchos antiguos amigos. Esta religión no va mal con mi temperamento, y me acomodo con facilidad a sus devociones Mira este cuadro de la Virgen Es el retrato de una cortesana de Italia. Las santurronas admiran mi piedad y se persignan delante de la pretendida virgen Pues voy de vez en cuando y veo caras bonitas de mujeres De modo que Pero dejemos esto y prométeme no hablar de cosas tan aburridas.

No es gentil que un joven lleno de valor y ciñendo espada al cinto le entusiasme representar un papel de criado. Entra como voluntario en la guardia del rey o en mi escuadrón de caballería ligera Preferiría ser soldado en tu escuadrón; pero nuestro padre quiere que haga mi primer campaña bajo las órdenes inmediatas del almirante. Siempre predicando la unión y los primeros en remover los antiguos rencores.

Ni siquiera un tirano: un usurpador. Resultaría una pesada letanía si yo refiriese todos los crímenes de los Guisas Vamos a oír el sermón de la tarde. Esta tarde predica el hermano Lubin. Es un franciscano que hace la religión muy divertida, y le va a escuchar una gran muchedumbre. Cuando te pongas en la fila de los caballeros, a la salida del sermón, no se te olvide ofrecerle agua bendita Los dos tomaron sus capas y se fueron a la iglesia de Santiago, llena ya de personas piadosas y elegantes. No hubo una sola mujer en la iglesia que no se cubriese la cabeza con el manto en actitud de parar el golpe.

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No he venido al sermón sino para oíros hablar. Contadnos alguna cosa regocijante. Ya ni me acuerdo de ese pecado.

Leonardo da Vinci - Wikipedia, la enciclopedia libre

El franciscano respondió a esta afirmación con un guiño de ojos maliciosos, en el cual se advertía el placer y el orgullo que experimentaba al achacarle un vicio que supone juventud. A ver, Jorge, si se te ocurre un asunto para el sermón. El padre Lubin se ha comprometido a predicar sobre cualquier tema que le indiquemos.

Quiero ganarme solo el dinero del buen padre Si él lanza los juramentos, no lloraré por mis diez pistolas. La cosa se lo merece. Comenzaré mi sermón con tres juramentos. El predicador echó una mirada sobre la muchedumbre, dispuesta a escuchar su verbo; buscó con los ojos a Beville, y cuando le vio, frunció las cejas, puso una mano sobre la cadera y, en un tono de hombre arrebatado por la cólera, comenzó su sermón con las siguientes exclamaciones:. Una carcajada general interrumpió el sermón por segunda vez Beville sacó su bolsa y la sacudió con afectación delante del predicador, como confesando que había perdido.

Los hombres han sido salvados del infierno. Preciosas palabras. Nos hemos librado del horroroso fuego del infierno, y respecto al del purgatorio, que no es, comparado con el otro, sino fogata de candelas, nos podremos curar con el ungüento de una docena de misas. Eso sería arrojar margaritas a puercos, y no olvidemos que Nuestro Señor precipitó en el mar dos mil puercos. Et ecce impetu abiit totus grex praeceps in mare. Al llegar a este punto, el orador tosió y se detuvo un momento para dirigir una mirada sobre los fieles y juzgar el efecto que producía su elocuencia Luego prosiguió:.

Sí, os libran del pecado original, de acuerdo. Circuit quaerus quem devoret. Las armas con que nos defendemos son los divinos sacramentos; él lleva al combate todo un arsenal, que lo constituyen nuestros pecados, a la vez armas ofensivas y defensivas. El cristiano para el primer golpe con la Paciencia y los otros con la Humildad Se ve perdido el enemigo e intenta echaros la zancadilla con la Pereza y arremeter a puñaladas con la Envidia, mientras prepara para entrar en el combate a la Avaricia como arma suprema. La muchedumbre abría paso ante ellos con un azoramiento no exento de terror El caballero era el terrible Comminges.

Mergy apenas si tuvo tiempo de mirar a la condesa. No podía darse cuenta de sus rasgos fisonómicos, y, sin embargo, esa mujer le había hecho una gran impresión Se indignaba de ver a un hombre tan débil en apariencia y ya poseedor de tanto renombre. Ha jurado matar a cuantos ame esa mujer Y se llevó la mano involuntariamente al puño de su espada; pero pronto se avergonzó de tal arrebato. A pesar de estas ideas, el encuentro le había dejado una impresión penosa y durante el camino desde la iglesia a casa de su hermano guardó silencio.

Abelardo Castillo Crónica De Un Iniciado

Encontraron la cena servida. Mergy comió poco, y en cuanto quitaron la mesa, mostró deseos de volver a su hostería. No hay necesidad de decir que Mergy encontró en casa de su hermano dinero, un caballo, etc. Shakespeare : Ricardo III. Bernardo de Mergy, al regresar a la humilde posada, miró con tristeza a su estancia vieja y lóbrega.

Cuando comparó en su espíritu las paredes del cuarto —en otro tiempo primorosamente enjalbegadas y ahora ennegrecidas— con las brillantes tapicerías de seda de la habitación que acababa de abandonar; cuando recordó la bonita virgen italiana, y en lugar de ella veía sobre su lecho una viejísima imagen de santo, penetró en su cerebro una idea bastante vil.


  1. Menú de navegación.
  2. Noticias Uruguayas;
  3. La hija del apicultor (Titania amour)!

Estos pensamientos, que se reproducían en todas formas y que le obsesionaban a pesar suyo, empezaban a proporcionarle disgusto. Mas a pesar de la lectura y el juramento, no podía olvidarse de las aventuras de la tarde. Después, y en ese estado intermedio entre la vigilia y el sueño, se le apareció la pintada virgen italiana saliendo de su marco y bailando, delante de él.


  1. Put* el que no lo lea.
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  6. Cruzando el puente: Problemas éticos relacionados con la vida;

Quería fijar los rasgos de su cara en la memoria, y entonces sólo percibía un velo negro El velo caía, al fin, y aparecía una figura celeste, pero sin contornos fijos; era como la imagen de una ninfa surgiendo de un agua turbia. Involuntariamente bajó los ojos; pero presto los levantó, al no aparecer ante ellos sino la silueta del terrible Comminges con una espada ensangrentada en la mano Mergy se levantó pronto, y marchó en seguida a casa de su hermano para dejar su ligero equipaje. Rehusó por el momento visitar en su compañía las curiosidades de la ciudad, y se marchó solo al palacio de Chatillon para presentar al almirante las cartas donde le recomendaban.

Un ujier vestido de negro echó una mirada sobre la gorguera de Mergy y sobre una cadena de oro que su hermano le había prestado, y al ver este atavío lujoso, no tuvo inconveniente en introducirle en la habitación donde se hallaba su amo. Sobre su pecho caía una luenga barba blanca. En la batalla de Montcontour un pistoletazo le había horadado el carrillo, perdiendo varios dientes y muelas.

Mucho más que documentos.

Algunos mondadientes esparcidos entre los mapas recordaban una costumbre de la cual con frecuencia se le hacía burla. En la mesa trabajaba un secretario, escribiendo cartas, que entregaba luego al almirante para la firma. El almirante, sorprendido y molesto por tan excesiva veneración, le hizo señas de que se levantara, tomó con cierta negligencia la carta que le entregaba el joven entusiasta y lanzó una mirada sobre las armas del sello. Os pido, señores, vuestra amistad para este caballero. Mergy respondió, poniéndose muy encarnado, que todavía no había tenido la dicha de pelear en defensa de la religión.

El intendente se inclinó delante de Mergy, que, avergonzado, dio las gracias, rehusando la oferta. Joven, en vuestra familia tenéis ejemplos a imitar y otros a eludir. Venidme a ver con frecuencia y consideradme como un buen amigo. París no puede ser para vos un espejo de buenas costumbres; mas yo espero llevaros muy pronto adonde se puede conquistar la gloria. Los asesinos de Ruen han sido castigados La noticia me la dieron hace un instante. En Tolosa se halla establecido ya el tribunal de justicia, de nuestro partido [2].

Cada día me da el rey fidedignas pruebas de que la justicia es igual para todos. A los Chatillon, los Montmorency y los Guisas, todos juntos, quisieran Carlos y su digna madre derribarlos de un solo golpe.


  • Agonía de la España Invertebrada?
  • Tres Vidas, Tres Epocas, y Un Solo Amor!
  • Sea tempestuoso en los elementos.
  • Revista de la Universidad de México!
  • La Crónica de Hoy;
  • Olvidaos, olvidaos de los antiguos rencores. Hasta ahora nada nos dice que los viejos católicos practiquen peor que nosotros el divino precepto que nos manda olvidar las injurias. A quien le han martirizado veintitrés parientes no puede exigírsele que lo olvide con facilidad.

    De lo que estoy seguro es de que el duque de Guisa no puede cometer una cobardía. Todos los presentes rodearon al almirante, que hacía grandes esfuerzos para librarse de Bonissan. Mostraos como servidor leal —exclamó Bonissan—. Abrid esa carta y no la entreguéis a vuestro señor sino cuando os halléis seguro de que no contiene nada sospechoso. La comisión no parecía ser muy del gusto del intendente. Sin titubear, Mergy recogió la carta y rasgó el sello. Un papel muy sucio y unas cuantas líneas de escritura era todo lo que contenía el terrible documento. Se escuchó un murmullo admirativo; Coligny estrechó con cariño la mano del joven, y después de un instante de silencio, dijo:.

    Algunas estrellas han desaparecido del firmamento y espadas ardiendo han sido vistas en los aires. Es necesario ser ciego para no comprender lo que presagian esos signos. El almirante se encogió de hombros con desdén y todo el mundo guardó silencio, pues era evidente que la profecía había hecho cierta impresión en la asamblea. Lo menos existen diez mil pícaros cuyo solo oficio es el de predecir lo futuro.

    En vuestro lugar, no iría al Louvre sino acorazado. Sonaron las diez, y pidió su sombrero y sus guantes para marcharse al Louvre. Algunos de los caballeros le suplicaron permiso para retirarse, y otros muchos le acompañaron con objeto de servirle a la vez de guardia y de cortejo.

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    El nacimiento de M. Hoy has conocido al almirante. A tal señor, tal honor Te convenía comenzar a hacer la corte a M. Te presentaré a una persona que merece ser conocida: a Carlos, rey de Francia. La cita es en el castillo de Madrid, adonde debemos ir temprano. Un lacayo entró en la habitación y entregó a Mergy una carta que acababa de traer un paje del rey. Mergy la abrió y su sorpresa fue tanta como la de su hermano, al encontrarse con un título de teniente. El sello real estaba agregado al pergamino y el nombramiento venía extendido en buena forma.

    Vaya un favor repentino e inesperado. Nos vais a llevar al castillo de Madrid, en medio de los esplendores de la corte. Procure mostrarnos, uno después de otro, todos los caracteres que la distinguen Yo quisiera tener suficiente talento para escribir una historia de Francia; entonces no narraría cuentos. No debéis dudar. Os voy a dar hecha la primera frase: La puerta del salón se abre y se ve aparecer El grande aposento estaba lleno de una muchedumbre Es el camino que actualmente siguen todos los novelistas.

    Creo que le conoceríais mejor yendo a ver su cuadro al museo de Angulema.