Fábulas del Reino de Xi-Pan-Ya

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Contents

  1. Visor de obras.
  2. Fábulas / Ramón de Campoamor
  3. Fábulas de Samaniego - Colección de libros
  4. fabulas by la fontaine

Al verla sin defensa, Corrieron a la ofensa Los vecinos Pastores, No valerosos, pero sí traidores. Cada cual por su lado La maltrataba airado, Hasta dejar sus fuerzas desmayadas, Unos a palos, otros a pedradas. Al fin la abandonaron por perdida; Pero viéndola dar muestras de vida, Cierto Pastor, dolido de su suerte, Por evitar su muerte, La arrojó la mitad de su alimento, Con que pudiese recobrar aliento. Ya destruye ganados, Ya deja los Pastores destrozados; Nada aplaca su cólera violenta, Todo lo tala, en todo se ensangrienta.

Visor de obras.

El buen Pastor, por quien tal vez vivía, Lleno de horror, la vida le pedía. El Hombre respondió. No tendría yo malas tragaderas. Batalla de las comadrejas y de los ratones Vencidos los ratones, Huían con presteza De una atroz enemiga Tropa de Comadrejas; Marchaban con desorden, Que cuando el miedo reina, Es la confusión sola El jefe que gobierna.

Llegaron presurosos A sus angostas cuevas, Logrando los soldados Entrar a duras penas; Pero los capitanes, Que en las estrechas puertas Quedaron atascados Sin ninguna defensa, A causa de unos cuernos Puestos en las cabezas, Para ser de sus tropas vistos en la refriega, Fueron las desdichadas Víctimas de la guerra, Haciendo de sus cuerpos Pasto las Comadrejas. Que sale de un estanque a la mañana La tal bestia feroz, y era una Rana. El ciervo y los bueyes Con inminente riesgo de la vida un ciervo se escapó de una batida, Y en la quinta cercana de repente Se metió en el establo incautamente.

El mayoral y los criados entran, Y tampoco le encuentran. Si el amo llega, lo perdiste todo; Yo le llamo cien-ojos por apodo: Mas chitón, que ya viene. Esto quiere decir que el amo bueno No se debe fiar del ojo ajeno. El torrente y el río Despeñado un Torrente De un encumbrado cerro Caía en una peña, Y atronaba el recinto con su estruendo.

Fábulas / Ramón de Campoamor

Llegaron los bandidos, Practicaron lo mesmo Que antes el caminante, Y fueron en su alcance y seguimiento. Encontró el miserable De allí a muy poco trecho Un Río caudaloso, Que corría apacible y con silencio. Con tan buenas señales, Y el próspero suceso Del raudal bullicioso, Determinó vadearle sin recelo; Mas apenas dio un paso Pagó su desacuerdo, Quedando sepultado En las aleves aguas sin remedio.

Temamos los peligros De designios secretos; Que el ruidoso aparato Si no se desvanece, anuncia el riesgo. El león, el lobo y la zorra Trémulo y achacoso A fuerza de años un León estaba; Hizo venir los médicos, ansioso De ver si alguno de ellos le curaba. De todas las especies y regiones Profesores llegaban a millones.

Fábulas de Samaniego - Colección de libros

Todos conocen incurable el daño; Ninguno al Rey propone el desengaño; Cada cual sus remedios le procura, Como si la vejez tuviese cura. Convienen pues los grandes profesores En que no tenéis vicio en los humores, Y que sólo los años han dejado El calor natural algo apagado; Pero éste se recobra y vivifica Sin fastidio, sin drogas de botica, Con un remedio simple, liso y llano, Que vuestra majestad tiene en la mano.

Así viven y mueren cada día En su guerra interior los palaciegos Que con la emulación rabiosa ciegos Al degüello se tiran a porfía. Tomen esta lección muy oportuna: Lleguen a la privanza enhorabuena, Mas labren su fortuna Sin cimentarla en la desgracia ajena. Los ratones y el gato Marramaquiz, gran gato, De nariz roma, pero largo olfato, Se metió en una casa de Ratones. Éste fue su ejercicio cotidiano; Pero tarde o temprano, Al fin ya los Ratones conocían Que por instantes se disminuían. Si alguno llega con astuta maña, Y una vez nos engaña, Es cosa muy sabida Que puede algunas veces El huir de sus trazas y dobleces Valernos nada menos que la vida.

Escapa el cojo, pero el triste herido Llorando se quedó su desventura. Yo siempre me llevé el mejor bocado En mi oficio de Lobo carnicero; Pues si puedo vivir tan regalado, éA qué meterme ahora a curandero? El asno y el caballo Iban, mas no sé adonde ciertamente, Un Caballo y un Asno juntamente; Este cargado, pero aquel sin carga. El grave peso, la carrera larga Causaron al Borrico tal fatiga, Que la necesidad misma le obliga A dar en tierra. Gran bestia seré yo si tal hiciere. Miren y qué borrico se me muere.

El labrador y la providencia Un labrador cansado, En el ardiente estío, Debajo de una encina Reposaba pacífico y tranquilo. Desde su dulce estancia Miraba agradecido El bien con que la tierra Premiaba sus penosos ejercicios. Entre mil producciones, Hijas de su cultivo, Veía calabazas, Melones por los suelos esparcidos.

fabulas by la fontaine

El asno vestido de león Un Asno disfrazado Con una grande piel de León andaba; Por su temible aspecto casi estaba Desierto el bosque, solitario el prado. Pero quiso el destino Que le llegase a ver desde el molino La punta de una oreja el molinero. Armado entonces de un garrote fiero, Dale de palos, llévalo a su casa. La gallina de los huevos de oro Érase una Gallina que ponía Un huevo de oro al dueño cada día.

Fabulas con moraleja #1 - Cuentos cortos - Tomás de Iriarte

Los magistrados saben el suceso, Y en su pleno congreso La nueva ley al punto derogaron, Porque se aseguraron De que en vano intentaban la reforma, Cuando ellos no sabían ser la norma. Y es así, que la fuerza de las leyes Suele ser el ejemplo de los reyes. Las ranas sedientas Dos ranas que vivían juntamente, En un verano ardiente Se quedaron en seco en su laguna. Saltando aquí y allí, llegó la una A la orilla de un pozo. Si haces lo que estuviere de tu parte Pide al cielo favor: ha de ayudarte. La zorra y el chivo Una Zorra cazaba; Y al seguir a un gazapo, Entre aquí se escabulle, allí le atrapo, En un pozo cayó que al paso estaba.

Mucho más que documentos.

Quedó el pobre atollado: cosa dura. El lobo, la zorra y el mono juez Un Lobo se quejó criminalmente De que una Zorra astuta lo robase.


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Esta contradicción es cosa buena; La dijo el docto Mono con malicia. Al perverso su fama le condena Aun cuando alguna vez pida justicia. Consuele al abatido tal mudanza, Sirva también de ejemplo a los mortales Que se juzgan exentos de los males Cuando se ven en próspera bonanza. Escuchad un consejo, Que ha de ser a las dos muy importante Yo os la he de cortar, y lo restante Me lo acomodaré por zagalejo.

La gata mujer Zapaquilda la bella Era gata doncella, Muy recatada, no menos hermosa. Queríala su dueño por esposa, Si Venus consintiese, Y en mujer a la Gata convirtiese. De agradable manera Vino en ello la diosa placentera, Y ved a Zapaquilda en un instante Hecha moza gallarda, rozagante.

Al punto que le ve, violentamente, A pesar del concurso y de su amante, Salta, corre tras él y échale el guante. La leona y el oso Dentro de un bosque oscuro y silencioso, Con un rugir continuo y espantoso, Que en medio de la noche resonaba, Una Leona a las fieras inquietaba. Vaya, vaya, consuélate como ellas; No nos quiten el sueño tus querellas. A cada cual, no obstante, le parece Que de esta ley una excepción merece. Así nos conformamos con la pena, No cuando es propia, sí cuando es ajena. El lobo y el perro flaco Distante de la aldea, Iba cazando un Perro Flaco, que parecía Un andante esqueleto.

Cuando menos lo piensa Un Lobo le hizo preso. Aquí de sus clamores, De sus llantos y ruegos. Dentro de quince días Casa a su hija mi dueño, Y ha de haber para todos Arroz y gallo muerto.

Dejadme ahora libre, Que pasado este tiempo, Podréis comerme a gusto, Lucio, gordo y relleno. Salen a recibirle; Al punto que le vieron, Matalobos bajaba Con corbatín de hierro. No era el Lobo persona De tantos cumplimientos; Y así, por no gastarlos, Cedió de su derecho. Esto hacen todos; Así ven los ajenos, Mas no los propios. El asno infeliz Yo conocí un Jumento Que murió muy contento Por creer, y no iba fuera de camino, Que así cesaba su fatal destino.

Pero la adversa suerte Aun después de su muerte Le persiguió: dispuso que al difunto Le arrancasen el cuero luego al punto Para hacer tamboriles, Y que en los regocijos pastoriles Bailasen las zagalas en el prado, Al son de su pellejo baqueteado.