GLOBALIZACIÓN, UNA NUEVA LECTURA: CONSTRUYENDO UN MUNDO NUEVO

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Contents

  1. La crisis del estar traerá cambios globales de grandes proporciones
  2. La nueva economía y política de la globalización
  3. Globalización, Desarrollo y Modernidad
  4. Cumplir y exigir: caracterizaciones de la ciudadanía

Por el contrario, toda crisis puede servir para crear el clima o las condiciones necesarias para el surgimiento de elementos y estructuras nuevas capaces de generar respuestas originales para hacer frente a las patologías o disfunciones que el organismo o sistema presenta.

La crisis del estar traerá cambios globales de grandes proporciones

De este estado de descomposición debe salir una recomposición, un nuevo nacimiento. Cuando se encierra, todo su sistema inmunológico -hecho para rechazar a los enemigos exteriores- se vuelve contra sí mismo y empieza un proceso de autodestrucción. No se destruye el sistema nervioso, pero sí el sistema alimentario, porque la mariposa va a comer cosas diferentes que el gusano. Pero el proceso de la destrucción es el proceso de construcción de otro. Otro que es el mismo y al mismo tiempo totalmente diverso.

La nueva economía y política de la globalización

La mariposa es una cosa extraordinaria. Ese proceso de metamorfosis que se repite desde hace millones de años, nosotros lo estamos viviendo por primera vez, y no sabemos qué va a salir. La vida, la estructura de la materia, la sociedad, el ser humano y el universo entero son movimiento, dinamismo, cambio.


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Creer que la historia ha finalizado con la civilización industrial o que sencillamente ha muerto porque no hay otro sistema civilizatorio que no sea el que se asienta en el modelo liberal-capitalista, es en principio, ignorar una obviedad: que naturaleza, sociedad, cultura y seres humanos son algo vivo, algo que se construye, destruye y reconstruye continuamente. Fuente: plataformasab.

Un triunfo universalizado y planetario que fragmenta y despolitiza sociedades e instituciones, individualiza las relaciones humanas de interdependencia y vinculación, destruyendo al mismo tiempo el planeta y dificultando sus posibilidades de regeneración y sostenibilidad. A partir del siglo XV, el planeta se concibe definitivamente como un pastel infinito que es necesario ser conquistado y apropiado, para ser convenientemente consumido y supuestamente civilizado.

Como bien nos recuerda Edgar Morin, la Modernidad nace en Europa, en un territorio muy determinado constituido por jóvenes y pequeñas naciones como España y Portugal, que se lanzan a la aventura de la conquista del globo y a través de la guerra terminan por dominarlo por completo. Es a partir de , con la dominación de Europa occidental sobre el resto del planeta, cuando se instaura el nuevo proyecto civilizatorio, a base de destrucciones culturales irremediables y de masacres y esclavitudes terribles.

Morin, E. Etnocéntrico porque surge de seres humanos que se consideran a sí mismos como raza superior, como grupo social superior llamado a extender por los confines de la tierra su dominio e influencia. Y androcéntrico porque se desarrolla sin el concurso de la mujer, un ser humano al que no se le concede la categoría de tal y al que todavía en pleno siglo XXI se sigue sometiendo a invisibilidad y discriminación, cuando no a vejaciones. Su posición frente a la Naturaleza es estar por encima de ella, como si no formase parte de la misma.

El sistema depredador de nuestra civilización técnico-instrumental ha configurado un modelo de ser humano mercantilizado y consumista cuyo objetivo fundamental ya no consiste tanto en poseer cosas y bienes materiales conforme al modelo de la vieja sociedad industrial. Ahora su finalidad radica en consumir frenéticamente productos con el fin de compensar una vacuidad interior originada por la ausencia de motivaciones plenamente humanas.

Estamos ante un ser humano cuyo bienestar reside en la satisfacción de las necesidades que el sistema tecno-industrial y mercantil le crea. Nuestra civilización ha creado un modelo de ser humano manejado por las necesidades que el sistema económico y productivo establece y con las que se siente permanentemente subyugado y excitado.

La Globalización

Su ser se ha transformado en el tener, de tal modo que ya "es", siendo tenido por los usos, costumbres y normas que el propio mercado impone. Fromm, Este nuevo des orden provocado por una sistema económico-productivo depredador y despilfarrador, paradójicamente ha provocado también sufrimiento psíquico, en la creencia de que nos provee de bienestar y felicidad. Debemos reemplazar los valores dominantes de codicia, competencia y acumulación por los de solidaridad, cooperación y compasión.

Globalización, Desarrollo y Modernidad

Fuente: gestionurbana. Desarrollismo: un dogma cuantitativo Vivimos en sociedades tecnocéntricas y cuando hablamos de crecimiento, siempre lo hacemos en sentido cuantitativo, siempre nos referimos al aumento de tamaño, al aumento de las dimensiones físicas, del volumen, de la superficie, de la altura. Felicidad, bien, bondad, belleza, verdad y en general todo aquello que fundamenta universalmente lo que es realmente bueno para los seres humanos parece que han perdido todo sentido.

La libertad se sustituye por la oportunidad de elegir o de comprar en el mercado de los productos materiales o de las ideologías políticas. Y así se instala en las conciencias una suerte de darwinismo social, una ideología pseudocientífica y destinada a justificar y legitimar cualquier tropelía contra la Naturaleza o contra nuestros semejantes, darwinismo social, por cierto que constituye la raíz de todo el pensamiento y el ejercicio selectivo de nuestras escuelas e instituciones.

Y en este punto es necesario también tomar conciencia, como nos recuerda Lipton, que nuestra supervivencia como especie no sólo depende de nuestras conductas de crecimiento y protección, porque las respuestas protectoras inhiben la producción de las energías necesarias para la vida provocando estrés, miedo e indefensiones aprendidas. Nuestro paradigma civilizatorio se asienta en un modelo mecanicista basado en causas simples y lineales del que ha surgido el racionalismo, pero el racionalismo, como nos recuerda Edgar Morin opera una reducción epistemológica incapaz de captar la realidad en sus multidimensiones y complejidades.

Dice Edgar Morin que la civilización industrial se basa en el gran paradigma de occidente señalado por Descartes y que ha sido impuesto a todas las civilizaciones desde el siglo XVII, un paradigma que es ante todo separador, en cuanto que aísla la reflexión, la filosofía, lo subjetivo y lo afectivo de la ciencia, lo objetivo, la razón y la lógica. En consecuencia una ciencia y una razón que ignora a los seres humanos y sus dimensiones subjetivas, afectivas y personales no es una verdadera ciencia ya que desconoce sus límites y no comprende la compleja naturaleza humana.

Para el cientifismo no es posible obtener conocimiento a partir de la acción, ya que ésta depende de decisiones psicológicas subjetivas, un argumento que justifica el hecho de que ciencias como la economía o la sociología deseen siempre eliminar cualquier tipo de valoración y definirse como axiológicamente neutrales. Fuente: apmex. El Capitalismo y la globalización ponen en riesgo el futuro de la especie El capitalismo, ya sea en sus formas imperialista, monopolista, mercantil, industrial o financiera ha instaurado un nuevo concepto de economía que ya no se centra en garantizar la supervivencia de la especie humana y en dotarla de lo necesario para su desarrollo, sino en acumular beneficios maximizando ganancias sin límites.

A estas alturas del siglo XXI, la economía productiva, la que nos provee de bienes materiales, incluyendo incluso mercancías superfluas e innecesarias, sólo representa una décima parte del volumen total de capitales que circulan en el mundo. Una violencia simbólica que se apoya en una relación y comunicación coercitivas consistentes en no reconocer como universales las conquistas en derechos humanos debidas a experiencias históricas singulares, imponiendo así a todo el mundo las categorías de percepción que se corresponden con las estructuras socioeconómicas del liberalismo o de la sociedad norteamericana.

Bordieu, Py Wacquant, L. La competencia y la competitividad son la base de cualquier iniciativa y actividad económica y por ende de cualquier otra ya sea social, cultural o educativa. La competitividad es el motor que impulsa la economía y mueve las instituciones, el que crea las condiciones para obtener mayor eficacia y garantizar el éxito. Si no importa lo que hay que sacrificar con el fin de reducir costos y maximizar beneficios, el impacto personal, social y ecológico resultante de la aplicación de las nuevas tecnologías y nuevos modos de gestión económica no es un asunto del mercado o de las exigencias organizativas.

Es necesario pues asumir sacrificios darwinistas aceptando exclusiones, discriminaciones, irregularidades y cualquier tipo de condición con tal de obtener beneficios o puestos de privilegio. Lo importante es la libertad absoluta para los intercambios comerciales independientemente de las posiciones de partida de los intercambiantes.


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Lo fundamental es la ausencia de restricciones o de condiciones compensadoras de los desastres ecológicos, sociales y personales. Lo fundamental es asegurar resultados sin necesidad de contemplar requisitos, condiciones o normas de equidad ya que a menor cantidad de limitaciones mayores posibilidades de competividad.

Cuanto menos Estado tanto mejor para la sociedad y la civilización: a mayor liberalismo mayor democracia, mayor capacidad de elegir. El Estado del Bienestar es un producto del pasado, al igual que las viejas ideas redentoristas y emancipadoras. Siempre han existido injusticia y corrupción por tanto acabar con ellas es una pura quimera.

Las privatizaciones y las inversiones extranjeras son una garantía sólida de progreso económico y social ya que lo fundamental es crecer y crecer para después distrivuir y repartir.

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Desarrollo tecnológico: sus posibilidades se imponen como fines que nos subordinan El aumento incontrolado de los medios de producción, la desregulación total de las relaciones económicas, la ausencia de responsabilidades por los efectos en la vida humana y natural de los impactos del desarrollismo depredador se basan en gran medida en la creencia en el mito tecnológico. Un mito que se funda en el dogma de que la tecnología y su desarrollo son fines en sí mismos y que por tanto nuestra misión en la tierra es subordinarse y someterse sin restricciones ni precauciones a las exigencias de la permanente revolución tecnológica.

La tecnocracia, es un efecto colateral del desarrollismo que obnubila y ensombrece nuestra conciencia haciéndonos perder capacidad crítica para discriminar entre lo fundamental y lo accesorio, entre lo sustancial y lo superficial, entre fines y medios en suma. La tecnocracia o la permanente sustitución de los fines por los medios, ha sido la que ha colocado en los altares a la ideología de la eficacia, una ideología que sustituye el valor de lo artesanal, de la serenidad y la paciencia por el de la rapidez; el valor de la reflexión y de la autosatisfacción del trabajo bien hecho por el del éxito y el prestigio; el valor de los procesos, de los matices, de la pluralidad, por el de la necesidad de rendimientos, de productos y de mercancías.

La eficacia como valor dominante de las sociedades tecnocéntricas nos ha traído también una enfermedad moderna, el inmediatismo, o la necesidad imperiosa que posee el ser humano moderno, de satisfacer cualquier deseo o de hacer frente a cualquier dificultad, de forma inmediata, o la incapacidad de soportar cualquier sacrificio, o cualquier tropiezo en el camino de consecución de nuestros deseos, enfermedad que posee consecuencias funestas para la maduración y el desarrollo emocional de los individuos. Actualmente pertenecemos a sociedades de información.

Cumplir y exigir: caracterizaciones de la ciudadanía

Tenemos acceso a unos medios extraordinariamente eficaces para elaborar y producir conocimiento, sin embargo no puede obviarse el hecho de que estos medios contribuyen también a contaminar el espacio informacional no sólo por ausencia de información, dado el poder de selección de las grandes industrias de comunicación, sino también por sobreinformación. Fuente: rosateresa.

Domina quien posee la información Superado el umbral de asimilación de información del que somos capaces los humanos, sobrepasado el límite de nuestras capacidades de discriminación, la información en exceso se transforma en desinformación. Con las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, con el control monopólico de las mismas, una mentira mil veces repetida puede transformarse en una verdad. Tener la posibilidad de acceder y de usar muchos datos, no significa poder obtener de ellos mucho conocimiento y paralelamente, disponer de muchos conocimientos especializados y separados no significa tampoco estar en disposición de crecer interiormente, de ser capaz de desarrollo moral y espiritual, de ser depositario de valores y virtudes.

Burocracia: las normas y los reglamentos pretenden controlar el devenir humano El ser humano actual de las sociedades tecnocéntricas es también un ser humano burocratizado, sometido al imperio de la jerarquización, del reglamentismo y del carrerismo o la ambición permanente de ascender en la escala social de éxito y poder. Cuando se compra la fuerza de trabajo no solamente se paga para producir sino también y fundamentalmente para obedecer.

Y este es el caso por ejemplo de los profesionales de la educación y la formación. Si los trabajadores de la cultura y de la educación se ven imposibilitados para ejercer desde su autonomía profesional, una nueva función de agentes de cambio al servicio de los seres humanos, la educación se convierte entonces en adaptación domesticadora y el aprendizaje en puro credencialismo. En las burocracias, cualquier situación de conflicto, de cambio se expresa siempre en variables administrativas, en la creencia de que cambiando normas y reglamentos es posible cambiar situaciones y resolver conflictos sin tocar las condiciones y factores que los originan.

Una sociedad reglamentista produce seres humanos incapaces de tomar decisiones y de asumir responsabilidades. Este es el caso por ejemplo de nuestras instituciones escolares. Se instaura así un nuevo tipo de racionalidad posibilista cuya forma de proceder es ciega a otros tipos de racionalidad, como la afectiva o la ética.

Exige responsabilidad y solidaridad no sólo entre sus agentes y funcionarios, sino también en toda la ciudadanía. Y para esta tarea es preciso concebir nuevos modelos y estilos organizativos basados en principios comunicativos, dialógicos, participativos, colaborativos, cooperativos y afectivos, algo que resulta esencial en las instituciones educativas porque hay ya suficientes evidencias de que gran parte del fracaso de todas las reformas educativas reside en la rigidez y el burocratismo de las organizaciones escolares.

Fuente: blocjoanpi. El Patriarcado: principio negador de la otra presencia diferente El patriarcado, es el modelo cultural y de relaciones sociales que constituido por un conjunto de creencias, costumbres y normas interiorizadas, legitiman la apropiación y el ejercicio del poder masculino, así como la subordinación, marginación e invisibilización femenina. Por su origen y desarrollo histórico, el patriarcado sirve en gran medida de legitimación a nuestro paradigma civilizatorio industrial y mercantil, un paradigma que niega la vida de nuestro planeta, así como la interconexión biopsicosociosistémica de todos los seres humanos entre sí y con la madre naturaleza.

Depredación, despilfarro, insostenibilidad, conquista, dominio, lucha, explotación humana y de recursos, guerras, industria bélica, armamentismo, muerte, autoritarismo, dogmatismo, agresión, machismo, violencia doméstica, discriminación de la mujer, etc. Una crisis que se manifiesta en: 1. Agotamiento de los sistemas y recursos naturales, así como de las fuentes de energía que hasta ahora habíamos venido utilizando, y por consiguiente una puesta en peligro de nuestras posibilidades de supervivencia como especie.

La vieja creencia de que la Naturaleza es una fuente inagotable de recursos, no sólo es obsoleta, sino ecológicamente insostenible y mortal para nuestra especie y la vida en el planeta. Esclerosis, disfunciones, patologías, nuevos problemas surgidos en el seno de las organizaciones e instituciones de la era industrial: la familia, el partido, el sindicato, la empresa, la escuela, la iglesia, todo parece estar en crisis porque ya no cumplen las funciones para las que habían sido creadas.

Por un lado y de cara garantizar unos derechos humanos universales han quedado cuestionados los pilares en los que se fundamentaron tanto la revolución francesa de finales del XVIII, los cambios socioeconómicos del XIX, y el papel de la economía de libre mercado, dado que las nuevas realidades sociales ponen de manifiesto mayores desequilibrios y desigualdades.