Invitación a la filosofía: Un modo de pensar el mundo y la vida

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Este instrumental estructural descubre o, en realidad, es descubierto por síntesis de actos que se van combinando y entrelazando hasta que cada objeto se constituye como tal ante la conciencia. Un proceso donde se superponen o edifican síntesis activas o conscientes, y pasivas o previas a la conciencia explícita. El resultado o efecto de ese cumplimiento cognoscitivo es la evidencia. En otras palabras, la verdad viene a revelarse como el fin u objetivo de las vivencias de la conciencia, descubriéndose así que la conciencia entera en todos sus actos —y sobre todo en los juicios como actos fundamentales— posee una estructura e intención teleológicas.

Así, el imperativo de no aceptar nada que no se haya probado revestía un rigor especial al constatar que de las verdades que nutren la vida depende el modo de actuar responsable. Para ambas esferas rigen leyes propias, no prestadas de la razón teórica.

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Por su parte, Alexander Pfänder nos dejó unas minuciosas y luminosas descripciones de las vivencias desiderativas y volitivas, así como de la índole de la motivación. Uno de los campos donde se dejaron sentir los estudios sobre la afectividad y la voluntad es la psiquiatría, sobre todo a través de Kurt Schneider y Karl Jaspers Como se ha visto, la fenomenología es incompleta si no atiende a cómo se desarrollan genéticamente los actos, cómo se constituyen en el tiempo. Y ello desvela que la temporalidad es una propiedad intrínseca de la conciencia, del sujeto.

Pero la conciencia del tiempo, como de casi todo fenómeno, se da progresivamente en diversas capas de sentido y profundidad. En primer lugar se nos da el tiempo del mundo. Es éste un tiempo que se localiza en las cosas y eventos del mundo, y que se objetiva espacializando la sucesión para medirla cuantitativamente. En ellos se descubre que en cada instante presente se halla ya un sentido de pasado y de futuro aun antes de vivir las correspondientes nociones temporales como tales. Cada experiencia presente se vive como desvaneciéndose —aunque quedando retenida constituyendo un pasado— y como anticipando otra.

Una conciencia que ciertamente nunca es plenamente adecuada o transparente, donde se dan presencias y ausencias, algo percibido y algo que se nos escapa. Pero una conciencia que, aun en ese claroscuro, es necesaria para acceder al yo como dativo de manifestación temporal y, a la vez, a las cosas y al mundo mismo en su manifestarse temporalmente.


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La fenomenología explora con su método, entonces, esos polos, objetivo y subjetivo, que nos descubre la conciencia: el yo y el mundo. Al volver la mirada al propio yo, percibimos inmediatamente una doble y peculiar realidad. Dicho de otra manera, la fenomenología quiere respetar e incluso defender los fenómenos humanos como tales.

De ese modo, ve en el reconocimiento del yo trascendental y de sus operaciones racionales o espirituales algo decisivo para hacerse cargo de lo propiamente humano.

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Y no se trata sólo del plano cognoscitivo teórico, conceptual y discursivo, sino también de la percepción de presencias y ausencias, del establecimiento de partes y todos, del recordar y anticipar humanos, del verificar, del proponerse fines, del decidir moralmente, del percibir sentimentalmente valores, del amar, etc. Pero como se vio, esta reducción no pierde sino que gana contenido.

El yo trascendental ve el mundo en sí mismo y se ve a sí mismo de un modo nuevo, enriquecido de sentido. De lo contrario, se alejaría de su intención de contemplar y aclarar lo que realmente ocurre en la actitud natural. De modo que el yo se va reconociendo e identificando a sí mismo en niveles sucesivos: primero se reconoce como el mismo que vive diversas percepciones; después, el yo que ejerce intelecciones esenciales o eidéticas o categoriales se vive como idéntico al yo que percibe sensiblemente; finalmente, se advierte que es el mismo yo el que reflexiona sobre su actividad natural y trascendental.

En el yo se van sedimentando los actos que realiza.


  1. Asesinato en un atardecer lluvioso.
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  5. Es un yo que se va modificando, que va creciendo; pero manteniendo su identidad. Otra dimensión del yo humano cuyo estudio en el seno de la fenomenología ha sido muy fecundo es la corporalidad. El yo no sólo se experimenta o vive como sujeto de actos, sino también como cuerpo. Pero no sólo percibimos el propio yo, sino el de otros. De los otros sujetos tenemos también experiencia directa, de manera que se aleja la impresión que de solipsismo podría tenerse en la fenomenología como estudio de los actos de conciencia. Dicha experiencia se basa en la experiencia de otro cuerpo como el propio, de un cuerpo donde domina por tanto —como en el mío— la conciencia.

    Se trata de un experimentar el cuerpo del otro de modo semejante a como se experimenta el propio, como un cuerpo que expresa pensamientos, que posee una vida consciente y una temporalidad semejante, aunque distinta, a la propia. El propio fundador de la fenomenología sentó las bases para el desarrollo de otras dimensiones de la intersubjetividad. Es decir, cada vez que experimentamos cosas, las vivimos también como a su vez experimentadas o experimentables por otros sujetos. Pues el objeto que percibimos o pensamos no es sólo lo que de él percibimos o pensamos, sino que contiene también, y así lo vivimos, lo que otros perciben o piensan actual o potencialmente de él.

    Todo objeto se da, entonces, en una identidad también como visto —o como pudiendo ser visto— por otros; en otras palabras, los objetos se aparecen como disponibles para otros, como dados intersubjetivamente, de suerte que conocemos o valoramos las cosas como cognoscibles o valiosas incluso en formas no dadas actualmente. Ese mundo descubierto por la intersubjetividad que comparte el sentido de lo conocido, en sentido amplio, es el mundo visto desde o en la actitud fenomenológica. Es el mundo de sentido social o intersubjetivamente constituido; una trama de sentidos que, precisamente al ser intersubjetiva o disponible para cualquiera, se reconoce como objetiva, independiente y sobrepasado a cada sujeto.

    La matematización de la experiencia permite su cuantificación, su medición, la réplica de los experimentos con ella. Pero corre el riesgo de confundir la exactitud que exhibe con la perfección o grado de realidad de su objeto. Así, el mundo de las ciencias experimentales se ha impuesto de tal manera que ha llegado a configurar la moderna actitud natural, el modo de concebir la realidad sesgadamente materialista o naturalista.

    Junto a ese error, la ciencia experimental moderna ha olvidado el origen descrito: nació sobre el suelo del mundo de la vida y para resolver necesidades humanas en el seno de dicho mundo. Las dilucidaciones de Franz Brentano suelen tomarse como simple preparación de la fenomenología. Tras esta publicación, su autor es llamado a la Universidad de Göttingen, atrayendo numerosos jóvenes estudiantes sobre todo muniqueses gracias precisamente a aquella obra.

    En esta publicación, cuyos editores eran el propio Husserl, A. Pfänder, A. Reinach y Moritz Geiger , y que se prolongaría hasta , aparecieron los diversos escritos que configuraron la fenomenología, incluido Ser y Tiempo , de Heidegger. Sin embargo, el estallido de la Primera Guerra Mundial, ciertas discrepancias de los miembros del grupo con su maestro, Husserl, y la marcha de éste a la Universidad de Friburgo provocaron la disolución del grupo de Göttingen sólo E.

    Stein le acompaña. Es en Friburgo donde Heidegger y Lévinas entran en contacto con Husserl. La filosofía de Martin Heidegger es fenomenología de un modo distinto al husserliano. Heidegger pensó que Husserl concedía demasiada importancia a la intuición llevada a cabo y descubierta en la conciencia; que, aunque Husserl decía haberlo superado, en el fondo seguía dentro del paradigma cartesiano de la filosofía subjetivista moderna. Pero ambos, como se ve, se esfuerzan por desentrañar cómo el mundo se aparece al ser humano; ambos tienen claro que sólo existe objetividad-para-la-subjetividad [ Moran : 15].

    Uno de los aspectos de ese compromiso con el mundo es la atención a la temporalidad y la historicidad. Desde esta perspectiva —e influido por Schleiermacher y la hermenéutica teológica— afirma que toda descripción supone una interpretación. Es necesario, pues, enmarcar la fenomenología en una hermenéutica radicalmente histórica.

    Hasta el punto de que, para él, la ontología sólo es posible como fenomenología y como hermenéutica. Emmanuel Lévinas tuvo como uno de sus méritos el introducir la fenomenología en Francia, tanto la de Husserl como la de Heidegger. Este filósofo contribuyó enormemente a restaurar e impulsar el pensamiento ético tras la Segunda Guerra Mundial, llegando a concebirlo como filosofía primera. Como a Heidegger, a este pensador francés de origen lituano le pareció que Husserl permanecía en la filosofía moderna del yo cartesiano.

    Pero podemos escapar de ese ser que amenaza con abarcar todo y que se resiste a la conciencia como algo mostrenco y que al final aísla al sujeto; podemos escapar de él, trascendiéndolo, mediante la vivencia de los otros. Y descubre que esos otros se presentan de un modo peculiar, a saber, como reclamando una respuesta responsable, una exigencia moral. La fenomenología, en Lévinas, es el fundamento radical de la ética. Para él, el compromiso con el devenir del mundo es esencial a la filosofía, por eso su pensamiento termina por transitar de la metafísica a la política. Maurice Merleau-Ponty centró su atención en lo prerreflexivo, lo temporal, el cuerpo vivido y el mundo de la vida.

    Y entonces descubre que donde se encuentran hombre y mundo, conciencia y ser, es en el cuerpo propio. Es ahí donde y mediante lo que percibimos el mundo, el cuerpo viviente es el punto de contacto entre la subjetividad y la objetividad. De manera que este pensador se da a la tarea de describir la experiencia del propio cuerpo: experiencia distinta a la que tenemos de otros cuerpos humanos, y por supuesto de los cuerpos inertes. Donación que, en buena y fiel fenomenología, revela la índole de lo donado. Descubriéndose entonces que la vida humana es autoafección pura.

    En ocasiones, también se cuenta a Paul Ricoeur entre los fenomenólogos franceses; tradujo las Ideas I de Husserl y son conocidos sus estudios sobre la libertad y sobre la hermenéutica, a lo que se dedicó especialmente. En el ejercicio de la fenomenología en otros países, Polonia ocupa una posición importante, gracias a la figura e influjo de Roman Ingarden , filósofo polaco que formó parte del grupo de Göttingen.

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    También en Italia, Chequia y Rusia hubo pronto representantes de la fenomenología. En cuanto al mundo hispano, la introducción y difusión de la fenomenología se debe a José Ortega y Gasset Aparte de sus propias obras, este pensador español promovió vivamente el estudio y la traducción de las principales obras del propio Husserl y de los primeros fenomenólogos.

    Finalmente, es una cuestión discutida si la hermenéutica, desarrollada sobre todo por Hans-Georg Gadamer , y el pensamiento posmoderno de Michel Foucault , de Jacques Derrida , y otros, pueden considerarse como una continuación de la fenomenología, e incluso de la versión heideggeriana. A propósito de la fenomenología existencial o existencialismo fundamentalmente representado por Heidegger y Sartre , podríamos decir que, en general, esta corriente tiende a considerar que la reflexión teórica desnaturaliza por esencia su objeto, que todo conocimiento objetiva su contenido y que, por tanto, lo cosifica y falsea.

    La fenomenología husserliana no obvia la dificultad de la objetivación del objeto del conocimiento, y trata ese problema con detalle. Asimismo se ocupa del mundo de la vida previo al conocimiento, y de nuestra originaria relación con él. Pero no renuncia a la posibilidad de conocer ese suelo vital, por difícil que resulte hablar de él.