KAFKA DE LA MANO DE UN ÁNGEL

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Contents

  1. Confidencias de Gregorio Samsa a Job (Variaciones sobre un tema de Kafka)
  2. Resultados “Miquel Barceló”
  3. «Fausto II», el arcoiris de Miquel Barceló
  4. Un ángel llamado Handke - La Opinión de Málaga

Confidencias de Gregorio Samsa a Job (Variaciones sobre un tema de Kafka)

Mi padre me depositó en el extremo de una banca de cemento, luego se alejó. Con el rabo del ojo yo le vi que saltaba por encima de las filas de hortaliza. Luego se inclinó y arrancó del suelo lo que me pareció una cabeza de niño, se acercó a una fuentecilla próxima a mi banca, sumergió aquel objeto varias veces en el agua con clara intención de lavarlo, regresó hacia mí y se sentó en el otro extremo de la banca.


  1. Kafka, la muñeca viajera () - Vania Produccions.
  2. "La transformación"de Franz Kafka.
  3. KAFKA DE LA MANO DE UN ÁNGEL!
  4. Carta al padre, de Franz Kafka | Kopek!

Advertí entonces que no era una cabeza de niño lo que llevaba en las manos, sino la lechuga romana. Cuando llegó al corazón de la lechuga empezó a darme a comer las hojas pequeñas. De vuelta a la casa me echó en el suelo, me dio un puntapié que me mandó resbalando hasta la pared, y volvió a poner bruscamente, encima de mí, el catre.

Resultados “Miquel Barceló”

Mi padre dio media vuelta y salió hacia su guarida dando un portazo. Yo tenía grandes palpitaciones. Siempre he sufrido de taquicardia, pero trataba de controlarme con meditaciones y ejercicios de respiración, y en eso estaba cuando mi padre retornó, se arrodilló junto al catre, metió la mano en mi escondite y me acercó a la cara un objeto cilíndrico. Yo vi que este objeto era de hoja de lata verde y que tenía pintadas en negro unas siluetas de cucarachas y otros insectos formados en medio círculo en torno a una calavera.

No me mates. Pero naturalmente mi padre no me escuchó y, apretando con el índice el botón que el aparato tenía en la parte superior, me bañó la cabeza de insecticida. El veneno me inundó los ojos y la boca. No contento mi padre con el chorro, me tapó los orificios de respiración que tengo en el vientre hasta el extremo de mi repugnante cuerpo.

Luego se irguió y salió dando otro portazo. Este sí es mi fin, pensé. En efecto, entré en agonía, y al rato sentí que la muerte empezaba a enfriarme.

Balada del loco amor - José Ángel Buesa - Voz de Feneté

Mientras tanto, amado Job, recibe un abrazo fraternal de Gregorio, que mucho te quiere. Ya nos veremos al final de los tiempos. Ayer, día de grandes novedades, a media mañana abrió mi padre la puerta de su guarida y salió a caminar como siempre, pero ya no llevaba los pies descalzos sino calzados con zapatos nuevos de charol. Mi padre llevaba por delante una escoba nueva en cuyos popotes iba enredado un ratoncito.

«Fausto II», el arcoiris de Miquel Barceló

Mi padre dio cuatro pasos, sacudió la escoba y dejó caer el ratoncito en medio de la alfombra. Después, volvió a su guarida. El ratoncito caído de espaldas se quedó un momento inmóvil, al parecer atarantado. La bestezuela jadeaba y yo veía la tierna pancita subir y bajar al ritmo de la respiración. Luego con veloz movimiento lo fijó al suelo con la escoba, levantó el pie izquierdo, apoyó la punta del zapato contra el vientre, y sin decir agua va, despanzurró al ratoncito en un abrir y cerrar de ojos.

Después se agachó, levantó al ratón por la cola y lo tiró a la chimenea encendida. Pero no fue mi fin. Mi padre buscó en su bolsillo y sacó un largo cordón de nylon blanco. Con ese cordón empezó a envolverme como si fuera yo un paquete de mercancía. Oscilante como una maleta, me llevó a través de la cocina, a lo largo del corredor, escalera abajo, a través del vestíbulo Habremos caminado unos veinte minutos durante los cuales yo, sacudido por los movimientos del auto, respiré a pleno pulmón los gases del motor.

Un ángel llamado Handke - La Opinión de Málaga

Mi padre me depositó en el extremo de una banca de cemento, luego se alejó. Con el rabo del ojo yo le vi que saltaba por encima de las filas de hortaliza. Luego se inclinó y arrancó del suelo lo que me pareció una cabeza de niño, se acercó a una fuentecilla próxima a mi banca, sumergió aquel objeto varias veces en el agua con clara intención de lavarlo, regresó hacia mí y se sentó en el otro extremo de la banca.

Advertí entonces que no era una cabeza de niño lo que llevaba en las manos, sino la lechuga romana.


  1. Detective que oye boleros.
  2. En el umbral del misterio: Segunda edición ampliada y modificada.
  3. Así se manipula al consumidor: Cómo las empresas consiguen lavarnos el cerebro y que compremos sus marcas.
  4. Cerati. En primera persona.
  5. WOR LAS TRES REVELACIONES.

Cuando llegó al corazón de la lechuga empezó a darme a comer las hojas pequeñas. De vuelta a la casa me echó en el suelo, me dio un puntapié que me mandó resbalando hasta la pared, y volvió a poner bruscamente, encima de mí, el catre. T ítulo: Cartas a Felice. Zenda es un territorio de libros y amigos, al que te puedes sumar transitando por la web y con tus comentarios aquí o en el foro.

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