La corrupción necesaria (Otra manera de pensar)

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Contents

  1. Pensar América Latina - OTRA DEMOCRACIA ES NECESARIA
  2. Hablar en favor de la justicia
  3. La corrupción necesaria (Otra manera de pensar)

El hombre ha estado siempre tratando de encontrar gobiernos perfectos para una sociedad que no lo es, hasta que hace veinticinco siglos los griegos propusieron la democracia como fórmula imperfecta, pues es la madre de todas las corrupciones. La corrupción es como el colesterol, hay uno bueno y otro malo, lo mismo que la envidia, que hay una sana y otra putrefacta. Lo cierto es que hoy todos entendemos la corrupción como algo malo y muy negativo, sin embargo, aquí ya se nos va a suavizar un poco para ofrecérsenos como algo que ha de contener alguna bondad, lo que supone darle a la idea un vuelco en la cabeza con el riesgo de que se nos descomponga y nos resulte absurda, al menos para el lector sencillo, el que difícilmente va a asumir que haya Otra manera de pensar distinta a la que a él siempre le han enseñado.

Naturalmente que cubrir tan amplísimo espectro de una sola tacada resulta inviable o al menos muy difícil, pero aquí lo vamos a intentar. Sin entrar por ahora en la complejidad de esta cuestión, comencemos por decir que no nos vamos a quedar en la superficie, sino que vamos a intentar ir al fondo de la realidad, lo que nos va a obligar a no quedarnos en la anécdota, que es particular, para entrar en la sustancia que siempre encierra, que ya puede ser universal.

Así hay que entender el capítulo II. Es claro que esto exige entrar en toda clase de saberes o al menos tenerlos en cuenta.

Pensar América Latina - OTRA DEMOCRACIA ES NECESARIA

Pero, por favor, que nadie se espante, pues no lo vamos a hacer en los términos de una alta erudición que estaría destinada sólo a especialistas, sino que vamos a procurar hacerlo en un tono menor, en el de una sana divulgación científica asequible a toda clase de gentes, a las que se pudiera estimular con el viejo lema latino de sapere aude atrévete a saber. Comienzo por decir que el que esto escribe no es especialista en ninguno de esos saberes que se han citado, sino que el saber en el que ha centrado su actividad intelectual y profesional ha sido la filosofía, a cuyos cultivadores se los ha solido calificar con el paradójico, por decir despectivo título de especialista en generalidades.

Es lo que Descartes denominaba la sabiduría humana o sabiduría universa l. En la primera de sus Reglas para la dirección del espíritu Regulae ad directionem igenii el título original , lo dice así:. En la biología, tampoco he eludido su tema estrella, el de la evolución , pero en ninguno de los dos casos con complejos de neófito, sino con la seguridad y la madurez que nos puede dar ya la amplia divulgación de que hoy podemos disfrutar, también con la tranquilidad del que ya no teme ser quemado en una hoguera.

Por supuesto que nosotros aquí nos vamos a referir principalmente a la de nuestro anciano país. Se entiende a los que pretendemos ser, o parecer al menos, ciudadanos honestos, si es que hay alguno que no se esfuerce por hondear en torno suyo tan honrosa bandera. Esto es lo que posiblemente esté haciendo de la corrupción un tema estrella, al menos en lo que se refiere a la abundancia de metralla que a diario llega a nuestros oídos, nada equilibrada por cierto en relación al resto de las cuestiones que también suelen preocupar al ciudadano de a pie.

Claro que esto lo digo con la mentalidad liberal o libertina que tenemos hoy en nuestra corrompida democracia , porque con una mentalidad de sumisión a la que la gente estaba acostumbrada en aquellos tiempos de tanto escaparate, hasta pudiéramos haber sido felices. Porque ésta es la cuestión, que lo que cuenta para que seamos felices o no, no son tanto las circunstancias en las que nos toque vivir como la mentalidad, por no decir la actitud con la que las asumamos. Y esto porque ha sabido asumir creativamente las circunstancias en que se encuentra en cada momento, que la permiten ser feliz incluso enterrada en el fango.

Volviendo al hombre y refiriéndonos a la mentalidad que nuestra religión tradicional imprimía en la gente de a pie en aquellos siglos tan gloriosos de nuestro llamado Siglo de Oro, me vienen a la memoria unas palabras que Rousseau pone en su Contrato social :. El cristianismo no predica sino sumisión y dependencia. Su espíritu es harto favorable a la tiranía para que ella no se aproveche de ellos siempre. Entonces, la ruptura con esa situación aparentemente edénica, que fue a la que dedicaron sus mayores críticas los ilustrados como Rousseau, se puede considerar como la mayor corrupción, la causa de todos los males, por no decir de todas las corrupciones que vinieron después hasta nuestros días.

En efecto, aquella ruptura con lo que hasta entonces había sido aceptado, aunque sólo fuese de manera aparente, rompía unos diques que hasta ese momento habían servido de contención. El predominio de la eternidad sobre el tiempo da lugar en la historia del cristianismo a peculiares tensiones que manifiestan un doble movimiento: la tendencia, por una parte, a la huida del mundo, a la negación de su valor que se manifiesta en el monaquismo, por ejemplo, y por otra parte, la valorización aparentemente paradójica de las tareas terrenas y temporales, que se manifiesta en el interés por el hombre y por sus condiciones de vida, esto es, en una tendencia recurrente a la revolución social.

Ambas ciudades son dos concepciones del mundo, del hombre y de la historia, en pugna constante hasta la final abolición de una de ellas 4. Con estos apuntes he pretendido recordar que en la doble matriz del pensamiento europeo -griega y bíblica- existe una raíz que niega valor a la historia y que marca el desarrollo posterior de la cultura occidental. En cuanto a lo segundo, esto es, el progresivo auge e importancia de lo histórico en el desarrollo del pensar, debe recordarse que:.

Puede decirse que la historia entra a formar parte esencial de la cultura europea a lo largo del siglo XVIII ver Caparrós ; Sevilla De tal modo que parece esencial a la conciencia europea y occidental el ser conciencia histórica. La emancipación de la razón humana respecto de la teológica, el desarrollo moderno de un pensamiento mundanizado y, en definitiva, la secularización de los marcos de pensamiento han tenido sin duda algo que ver en ello. A la filosofía por supuesto. El tiempo deja de ser imagen desplegada de lo eterno y aparece como la entraña sustancial de todo lo existente.

La historización alcanza el dominio de la naturaleza. De tal modo que, paradójicamente, se muestra ahora en la entraña misma de la cultura occidental la historia en cuanto forma de concebir la temporalidad como una categoría fundamental. Es en la llamada segunda modernidad cuando se conceptualiza tanto la historia como la filosofía de la historia: el nacimiento de la conciencia histórica es patente en las obras de Vico y de Herder p.

Herder ; también Kant y los autores de la Ilustración dan nacimiento a la filosofía de la historia especialmente Voltaire Voltaire ; Condorcet y Kant, en especial, Kant El proceso de construcción de la razón moderna Nebreda , una razón mundana, universal y autónoma, se produce en un ambiente que había sido preparado por el giro antropocéntrico del Renacimiento, y es fruto de un pensamiento que se quiere libre y dominador. Tal proceso es asimismo un proceso de concienciación, de captación de posibilidades y sobre todo un proceso de emancipación.

La afirmación autónoma de la razón es al mismo tiempo génesis de la conciencia histórica. Y a su vez, tiene su origen en la idea cristiana teológica de la historia de la salvación. Ya san Agustín concibe una historia lineal, universal y procesual. Hay dos corrientes en el modo moderno de comprender la historia: Por una parte, un modo racionalista que entiende la historia como un progreso indefinido y que comprende conjuntamente la naturaleza y la cultura regida por la razón universal.

Por otro lado, la conciencia histórica da origen a otro modo de comprender la historia, modo que separa metódicamente la naturaleza y la cultura y se centra en el conocimiento del mundo histórico humano.

Hablar en favor de la justicia

A la primera corriente pueden adscribirse los nombres de Voltaire, Condorcet, Lessing y Kant. A la segunda, los de Vico y Herder. La conciencia y la voluntad de fundar racional y mundanamente la realidad se produce en la modernidad como un distanciamiento progresivo con respecto a las posiciones anteriores. Se trata en principio de un modo nuevo de examinar y fundamentar las mismas realidades. Ello va produciendo un cambio en la concepción de esas mismas realidades. Y se hace patente como ruptura en la conciencia ilustrada ejemplificada por Kant como la salida de la humanidad de su minoría de edad.

Emancipación que lo es, en primer lugar, de la tutela religiosa y teológica. Emancipación que, por tanto, se asienta sobre el presupuesto de la secularización. En este contexto se desarrolla la filosofía de la historia como un modo nuevo de concebir la relaciones del hombre con la naturaleza, con Dios y consigo mismo. Surgen así la ciencia moderna progreso, matematización de lo real, dominio del mundo natural , la reforma protestante y la secularización del mundo, el deísmo y la religión natural, la historia de la religión, y, en tercer lugar, el antropocentrismo, la conciencia histórica, la idea rectora del progreso y mejoramiento indefinido, la actitud ilustrada, un nuevo pensamiento social y político, junto con la nueva fundamentación de la moral.

A este desarrollo corresponden las concepciones de la teología de la historia concepción trascendente de la historia; san Agustín , su secularización en la inmanencia de la historia la providencia es ahora una ley inmanente a la historia misma, sin contenido teológico, si bien manteniendo la estructura misma; Vico , su racionalización en la concepción inmanente del progreso histórico una filosofía de la historia, basada en la razón y el progreso; Condorcet , y continuada en la trascendencia de la inmanencia en la que el Progreso es una especie de secreto deber ser de la historia; Comte Sevilla Puede añadirse que, desde una perspectiva antropológica, se trata asimismo de la absolutización de una de las formas de la razón, la razón europea occidental.

Los avatares de la razón moderna así como los desarrollos de la ciencia moderna y de las ciencias humanas conducen a la necesidad de replantearse la relaciones entre el pensar y la historia, especialmente en la forma de una nueva caracterización del pensar. Los posmodernos hablan de poshistoria, de adiós al fundamento, de fin de los metarrelatos cfr.

Habermas pretende moverse entre los peligros de la restauración de una metafísica poskantiana y de la abdicación de la razón. No cree que se pueda hablar legítimamente de un pensamiento posmoderno. En primer lugar, se trata de una racionalidad procedimental tomada del las ciencias experimentales.

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De acuerdo con Habermas, las ciencias experimentales sólo se fían ya de su propio procedimiento. La racionalidad se reduce a racionalidad formal. Junto con la anticipación de la totalidad cae también la perspectiva desde la que se distinguía entre esencia y fenómeno.

En las ciencias de la naturaleza se adopta la perspectiva del observador y en las hermenéuticas la del participante.

La corrupción necesaria (Otra manera de pensar)

A la postre el saber de las ciencias modernas pierde también su autarquía. El falibilismo científico no es compatible con el tipo de saber pretendido por la filosofía primera.

La fenomenología y la filosofía analítica, cada una a su manera, trataron de asegurar a la filosofía un terreno y un método propios. Pero la psicología, la sociología y la antropología no respetaron tales fronteras y demarcaciones. Las diversas formas de huida al irracionalismo la fe filosófica de Jaspers, el mito complementario de Kolakowski, el pensar místico del ser de Heidegger, la terapia lingüística de Wittgenstein, la deconstrucción de Derrida o la dialéctica negativa de Adorno sólo han servido para una relativa delimitación negativa de lo filosófico: en tanto que no-ciencia, la filosofía no es capaz de determinar su propio estatus.

Se impone pues hoy una nueva definición de las relaciones entre filosofía y ciencias. La filosofía debe asentarse sobre la autocomprensión falibilista de las ciencias y sobre su racionalidad procedimental. Lo que no debe abandonarse, a juicio de Habermas, es la referencia a la totalidad característica de la metafísica. Tomó en su origen la forma de una crítica al idealismo hegeliano, ejercida ya por la primera generación de discípulos de Hegel. Feuerbach, Marx o Kierkegaard, todos ellos reclaman la finitud del espíritu.

Pero los hegelianos de izquierda no lograron plasmar un nuevo concepto a la altura suficiente. Lo que sí hicieron fue abrir las puertas a la crítica radical de Nietzsche. El adecuado concepto de razón situada se logró gracias a otro tipo de crítica. La subjetividad trascendental chocó con los presupuestos de las nuevas ciencias del espíritu. Todo ello confluyó en el Heidegger de Ser y tiempo. Con ello se abre la cuestión de si la apertura de mundo puede todavía interpretarse como una actividad de un sujeto. El lenguaje es elevado a rango de absoluto.

Con ello, surge ahora otro problema. Las paradojas a que estas tentativas se ven abocadas sólo desaparecen cuando se cambia a un nuevo paradigma: el paradigma del entendimiento. Pero sólo el giro lingüístico ha suministrado los medios conceptuales con que analizar la razón situada y materializada en la acción comunicativa. Así, la filosofía de la autoconciencia tenía que enfrentarse a la seria objeción de que la autoconciencia no es un fenómeno originario puesto que la espontaneidad de la vida consciente escapa a la forma de objeto, forma que ha de tomar cuando el sujeto cognoscente se vuelve sobre sí mismo.

Los objetos intencionales no hacen justicia a la estructura proposicional de los estados de cosas. Por otra parte, el naturalismo pone en duda la posibilidad de partir de la conciencia. Habría que conciliar a Kant con Darwin. Pero sólo el giro lingüístico ha procurado un fundamento metodológico a tales reservas. El primer paso fue el descubrimiento de la estructura realizativa y proposicional del lenguaje por parte de Wittgenstein y de Austin.

Por fin, se han dado una inversión de las relaciones entre teoría y praxis. Predomina un contextualismo que restringe las pretensiones de verdad al radio de alcance de los juegos de lenguaje locales. El contextualismo es sólo el reverso del logocentrismo. Para Habermas, no es posible un pensamiento posmoderno en un sentido riguroso.