La dureza del diamante - Una proposición delicada - Lo mejor de su vida (Ómnibus Deseo)

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Contents

  1. Memorias histórico, físicas, crítico, apologéticas de la América Meridional
  2. Search results for Ómnibus Deseo - New York Public Library - OverDrive
  3. Menú de navegación

Lo peor es que beben la ponzoña de la maledicencia y envidia en los corrompidos charcos de su ambición y codicia. Llevólos a nuestras tierras, o la casualidad, o la licencia, o verdaderamente el duro dardo de su pobreza. Allí hallaron el remedio de sus necesidades en los tesoros que encontraban en las suyas. Han pretendido llevar al solio sus borrones. Si fueran extranjeros no me admirara.

Memorias histórico, físicas, crítico, apologéticas de la América Meridional

Las plumas nuestras nos desacreditan. De ellas se vale la envidia para morder a nuestra nación que tanto ha trabajado y trabaja en cultivar la de los indios. No es culpa del Monarca el desacierto del vasallo. Ni menos tiene parte la soberanía en los insultos que comete la ambición. Esto era querer manchar el solio y vituperar en esta parte las empresas con descrédito de la Majestad que las intenta. Han querido hacer revivir el imprudente celo de otros, que en el siglo xvi ocultando bajo del velo de la caridad una supersticiosa hipocresía, en vez de historias esparcieron quimeras y en lugar de noticias derramaron libelos, que afrentosamente nos calumnian.

No se corrige infamando, ni la enmienda se sigue al vituperio. No solo ha reinado en los nuestros y extraños esta preocupación. Hay otra no menos odiosa y perjudicial en lo político y moral. Siendo esta una verdad, que asegura la experiencia, pasa los límites de la necesidad colocar aquellas gentes en igual orden que a los brutos. La instrucción, se puede llamar con verdad, el freno del entendimiento o la llave del erario de la razón.

Aquella regla lo que estos dirigen. Cualquier destello o golpe de entendimiento en estos hombres es brote de sus luces. Faltando estas, parecen groserías todos aquellos actos que son puramente afectos naturales. Si estos se puliesen con la enseñanza serían unos partos hermosos en que a un tiempo se verían las fuerzas del espíritu y eficacia de la razón. Bellísimos ejemplos tenemos de esto en las historias y tradición de nuestras Indias. No es de mi asunto hacer colección de hechos ni recopilar sentencias.

Fueron estos don Ignacio Díaz y don Cristóbal de Aparicio. El primero fue doctor en sagrada Teología, cura rector de la Catedral de Lima y secretario del señor don fray Diego Morcillo, arzobispo y Virrey de Lima. El segundo fue cura de la Barranca y maestro de latinidad y Moral de los familiares del señor don Antonio Escandón, arzobispo de la misma diócesis.

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Hoy florecen varios no menos instruidos que los que hemos enunciado. Entre ellos es de una habilidad monstruosa el licenciado don José de Avalos. Sobrada apología es esta prueba para vindicar a los españoles de que mantienen a los indios en el idiotismo, por hacer granjeria de su ignorancia. No cito muertos. Con vivos atestiguo. Los españoles los han enseñado y enseñan. En esto se reglan a las santas y piadosas intenciones de nuestros católicos monarcas, que tanto recomiendan la enseñanza de estas gentes. Notado esto como una de las mayores imposturas que nos cargan los extranjeros y de que muchos de los nuestros se han dejado llevar por concillarse crédito con los que nos envidian y que quisieran deprimir nuestra gloria entraremos a advertir brevemente lo que en la Historia Natural nos pareciese digno de mayor prevención.

Son muchas las partes que contiene esta ciencia. Es pues una de las primeras la fisiología del aire. Muchas tierras serían en nuestros países inhabitables, si la intemperie de un día no se corrigiese con la destemplanza de otro. De manera que en algunas partes, no guardando el tiempo casi estación segura, el mismo desorden de los tiempos le equilibra las malignas impresiones que debían provenir a los sublunares de tan repetidas mutaciones.

Ocasionan estas a los sólidos y fluidos movimientos oscilatorios. Para juzgar pues, por el aire la sanidad de un lugar, es el examen del agua el que proporciona el conocimiento del clima. Un territorio craso y fértil abunda en partículas activas. Expuesto este a un grado considerable de calor, ha de producir necesariamente enfermedades inflamatorias. De aquí no pocas enfermedades a que concurre que las emanaciones de la tierra y exhalaciones de los minerales que oculta, alteran el aire y causan fiebres intermitentes y otros géneros de dolencias.

Y como todo esto se experimenta en nuestros países, se debe tener muy presente a ocasiones de viajarlos. Hay en lo político y civil un descuido que no causa menos perjuicios que la desigualdad de temperamentos. Es este el poco cultivo que se hace de la agrimensura. Tan necesarias son sus reglas que sin ellas todo sería entre las gentes una discordia de linderos. No es esta tan ciega ni tirana que no sepa ceder cuando se le convence con la luz de la razón. Pero en aquel tiempo era esta ciencia casi desconocida a los primeros pobladores.

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Decidía la espada lo que la ignorancia no podía conciliar. Como una y otra precipitan al estrago, se arruinaban terreno y poseedor, viéndose hasta hoy sin edificios muchos solares y no pocas tierras sin cultivo, que bajo las leyes de esta ciencia serían el ornamento de las poblaciones. Esto supuesto, entraremos al primer tomo de nuestras Memorias que es el Reino Mineral.

Escribiremos las materias por artículos. En esta obra hemos procurado imitar el genio de los extranjeros que solo trabajan en beneficio de sus soberanos y compatriotas. Es doloroso que tanta riqueza por falta de economía, o por mejor decir por abundancia de pereza esté abismada en el seno del olvido y que cuando otros velan por ser el ornamento de su patria, los nuestros duerman con menoscabo de la suya.

Entonces inspirados de nuevo aliento llevaremos la pluma al objeto que la quisiéramos dirigir. Para proceder pues con orden en todo el cuerpo de este libro, trataremos primero así de las muchas minas de plata y oro que trabajaron los antiguos como de las que los nuestros han hallado, o por medio de su industria o contingencias de la casualidad. Algunas se han abandonado. Se habían registrado dieciocho mil vetas con ciento y veinte mil minas. Aunque es opinión recibida que se han agotado las minas con la continua saca de metales que se ha hecho en ellas, la experiencia demuestra lo contrario.

Daremos principio por las provincias sujetas a la jurisdicción de Lima 6. Sencillamente referimos los sucesos. No decantamos héroes, ni menos representamos infames. Casi se ha hecho inevitable su tropiezo. Esto es lo que hemos actuado en nuestras notas históricas. Manifestamos en esto aquel celo que quisiéramos comunicar a todos nuestros compatriotas.

En fin, si en el dilatado campo de la obra que emprendemos hubiese algunas expresiones que disuenen a los dogmas católicos, regalías de nuestros católicos monarcas y juicio de los hombres buenos, queremos que se tilden, tachen y borren, teniéndose como ajenas y bastardas de la sana intención que nos dirige. Es poderoso este monte. Tiene dos vetas. Una de siete leguas de largo que los españoles llaman la Marquesa.

Otra que los naturales dicen Cardahuaca, con 20 varas de ancho. Por los años de a 8 de noviembre se registró su primera veta. Después se registraron hasta Por los años de a 5 de noviembre mandó el marqués de Cañete, Virrey de Lima, repartir a esta mina indios para que la trabajasen. Sacóse una grande riqueza. Por ella se le dio el nombre de Nuevo Potosí. Hoy apenas existe esta abundancia a causa de la fertilidad de la tierra, que casi sin trabajo alguno da a sus naturales lo necesario a la vida humana, sin buscar en sus senos otros medios para fomentarla. Al principio que se trabajaron las minas de este monte, se sacaron de ellas piedras de plata blanca, que los mineros denominan machacada.

La mayor distancia entre ellas es de 80 leguas y la menor de seis. Las de Castrovirreyna, ocho leguas al occidente de Huamanga, han sido poderosas. Dióseles aquel nombre del apellido de doña Teresa de Castro, mujer del Virrey marqués de Cañete al tiempo de su descubrimiento. Sus mineros no pagaban quintos de derechos al real erario, sino diezmos.

En estos minerales se deben incluir los de Chocolococha, siendo sus vecinos los de Julcani en términos de Huancavelica 10 , los de Pallaccarana en Parinacochas, los de Huanta y Lucanas, muy ricos y abundantes. En el pueblo de Caylloma 13 que es de los Collaguas importaban los reales derechos una grande suma. En Tuno que es población de la provincia de Carangas 14 , se han trabajado minas de grande fama.


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Allí se descubrió la que tiene el nombre de la mina de los Pobres. Siguieron la veta y descubrieron la mina que como he dicho se llama de los Pobres y se hicieron ricos. Oruro, que es una villa de la provincia de Paria 15 , tiene labores de minas poderosas que trabajaban los indios en tiempo de sus incas. A tres de estas que estaban descubiertas en los principales cerros las llamaron los españoles la de Pie de gallo, la Flamenca y San Cristóbal, con cuyos nombres hasta hoy se conocen.

En tiempo del virrey don Francisco de Toledo empezaron los nuestros a continuar las labores, que habían principiado los indios. Para cuya subsistencia por los años de se despachó real cédula en que se le daba a este lugar el nombre de la villa de San Felipe de Austria, de que hoy goza, concediéndose muchos privilegios a sus mineros, vecinos y naturales.

Desde su nuevo descubrimiento hasta el año de que el señor Pinelo fue corregidor de aquella villa y alcalde mayor de sus minas, se habían quintado todos los años 1. Bajó entonces la saca.