LA REGENTA - LEOPOLDO ALAS CLARIN

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Entre otras cosas porque comparte con el autor educación, sentimiento religioso, sensibilidad moral y sentido ético. Había creído sentir sobre la boca el vientre viscoso y frío de un sapo. Con este grotesco y demoledor final, Leopoldo Alas Clarín cumple uno de los grandes preceptos de ese movimiento literario: sacar a la luz la fealdad humana, social y moral de una Vetusta murmuradora y provinciana que rodea al personaje principal, la Regenta, una mujer que al igual que su creador luchaba por mantener sus principios a salvo.

Ya lo hemos dicho al inicio de este artículo, y lo suscribe Gonzalo Sobejano : E l alma de Alas es el alma de Ana y ésta, el foco de la obra entera. Nombre obligatorio. Estimado Ordoñana Sigo regularmente su blog y agradezco sun publicaciones.

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Muy bien por la observación atenta. Nuestra intención ha sido comentar la frase dentro del contexto claramente irónico de toda la obra; siempre teniendo en cuenta el punto de vista de Clarín y la definición de esa figura literaria. Lo entendemos un poco al estilo de Borges; la unión de dos palabras o expresiones que chocan por opuestas o contradictorias se unen para expresar una noción paradójica o peyorativa. Precisamente viajando de regreso de Bilbao a Oviedo, he leído con mucho gusto vuestro magnífico artículo acerca de La Regenta, de Clarín.

Como escritor ovetense, no me ha quedado otra que sentirme cercano a Clarín, hasta el punto de haber escrito, hace años, un guión Clarín de ligera pluma para la TVE en Asturias en torno a la figura de tan reconocido autor. Con mi mejor abrazo de amigo, os reitero mi felicitación y gratitud. Había leído la Regenta y a pesar del tiempo transcurrido hablo de la época en que se publicó me había agradado el ritmo narrativo.

Sus comentarios, su estudio sobre el autor y narrador que asume me parecen de una clara y perspicaz mirada. Gracias por su juicio analítico hace apreciar mejor la obra. Leí la obra y me gustó.

Las descripciones de los personajes y los ambientes son espectaculares…. Hola,me complace saber que el realizar una novela tiene que ver muchos aspectos, realmente describir un sentimiento o pensamiento requiere de una inteligencia suprema, pero veo que para Clarin no hay imposibles y que sus ideas fluyen cuan agua clara en cascada.

Protagonistas Femeninas en la Novela del siglo XIX: La La Regenta. Leopoldo Alas «Clarín»

Felicidades por compartir experiencias. Dentro de que es un artículo muy interesante, hay algunas cosas que no acabo de ver y que me gustaría que la autora explicase un poco mejor. Por ejemplo, en qué sentido puede considerarse esta una obra naturalista o cómo es posible que Clarín se identificase con Ana, un personaje de una religiosidad enfermiza, que es un intento fallido de mística, incapaz de dejar de pensar en sí misma, pero al mismo tiempo suficientemente aguda para hacer ver que es humilde y desinteresada. Es un personaje que propone un sentimiento religioso egoísta, falso, vacío y estéril.

Gracias por tu comentario. En lo referente al naturalismo, es naturalista en cuanto que el objetivo de Clarín no era solo mostrar la realidad social de la época Realismo sino también justificar el determinismo de las actuaciones de los personajes. Ideas que se convierten a Vetusta en una sociedad opresora, rancia e hipócrita que restringe la posibilidad de elegir de los personajes y todas sus actuaciones y comportamientos son determinados por ella.

Por supuesto no es el naturalismo que preconizaba Zola.

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Como explico en el artículo los estudios al respecto sí ven paralelismo entre creador y personaje en cuanto a su formación espiritual y educativa. Te dejo un par de links que hablan ampliamente sobre el tema y que te lo aclaran muy bien. Comprar libro al autor.

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Descargar gratis cuentos del autor. Consejos para escritores Taller literario Autores Suscríbete Contacto. El naturalismo de La Regenta Categoría El mundo del libro , El oficio de escribir , General por Manu de Ordoñana, Ana Merino y Ane Mayoz el Tags : clarin-krausismo , corrosivo-ambiente-vetusta , describir-fealdad-humana , La-regenta-madame-bovary , Naturalismo-con-matices , novela-reflejar-grandes-problemas-sociedad.

Un narrador aparentemente neutral En contra de lo que preconizaba Zola —creador del Naturalismo— en sus artículos de crítica literaria, Clarín no se mantuvo neutral ni distanciado con respecto a lo que contaba, no podía ocultar sus simpatías y, mucho menos, sus antipatías.


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El lenguaje El lenguaje de La Regenta es una muestra de la riqueza lingüística de aquella comunidad de hablantes de la España de finales del XIX y también de la de su creador. Graciela dijo Ana Merino dijo Se observa una continuidad narrativa en la estructura, con la relación entre las figuras y la situación de las mismas en el espacio y el tiempo.

La Regenta (Leopoldo Alas “Clarín”)

De hecho, los personajes son vistos como parte de grupos sociales casineros, cabilderos, mesócratas y familiares. La diversidad de espacios, el enfoque sucesivo de personajes en grupos, el examen individualizado de las conciencias y la estructura en eslabones dan lugar a un tipo de novela fragmentada que, si inicialmente produce la impresión de distintas acciones, pronto se produce la unidad de propósito y de finalidad. Doña Ana la Regenta , es esposa de Víctor Quintanar, ex-regente de varias audiencias de Vetusta, mucho mayor que ella.

Se llama Ana Ozores y es de cuna noble. Su padre se llamaba Don Carlos y se casó con una modista italiana, que murió al dar a luz a Ana. Ya joven cayó enferma de nervios. Esta enfermedad le acercó a la literatura y a la religión, dos aficiones que rechazaban sus tías.

Ellas querían que se casara con un noble. Con el paso del tiempo conoció a don Víctor Quintanar, con el cual se casó, sin amor verdadero, ya que Quintanar tenía dinero y posición. También suele leer, sobre todo libros religiosos, y acudir a la catedral a confesarse con el Magistral, Don Fermín. Los recuerdos y la religión son los dos refugios donde Ana se esconde de su infelicidad matrimonial.

Una noche Ana regresa a su casa y su marido se dispone para irse al teatro, a Ana no le apetece, de modo que Víctor se va solo. Ana se encuentra triste y, cansada de estar encerrada en su casa, se dirige hacia el parque. Ana se siente confundida y escribe a Don Fermín diciéndole que necesita hablar con él, este lee la carta delante de su madre Doña Paula, que le dice que lleve cuidado con esa mujer.

Fue ella quien le obligó a estudiar para cura, cosa que él hizo sin vocación. Dice que su marido no ha oído nada y le trae una carta del Magistral que la espera para confesarla, pero ella no quiere y le contesta diciéndole que se encuentra mal. Después de razonar sobre los peligros del teatro, y de la obra de Don Juan Tenorio, Don Fermín le propone a Ana verse fuera de la catedral, Ana se asombra, pero no le da mayor importancia.

El día siguiente Ana recae en su enfermedad y pide a Don Víctor que esté a su lado, éste sacrifica sus salidas de caza durante varias semanas, tras las que comienza a buscar excusas para dejar a su mujer en casa y comenzar de nuevo a salir. Poco tiempo después la Regenta acude otra vez a confesarse a la catedral, pero enseguida cae enferma de nuevo, por lo que deja de ver a Don Fermín. Ana se siente celosa y pasa el verano sumida en su melancolía.


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Durante todo el verano sigue viendo al Magistral, que pasa un verano feliz junto a Ana. Para Don Víctor, sin embargo, el verano resulta aburrido y terrible. Al verlo, Ana vuelve a recordar todos sus sentimientos y su pasión hacia él y sale muy aturdida. Al llegar a casa le entran ganas de ir a la habitación de su marido y acariciarlo, hablar con él, pero no se atreve.

Al día siguiente va de nuevo hacia la catedral, y allí se encuentra al Magistral, con quien se dirige a casa de Petronila para conversar. El Magistral intenta declararse pero, al ser interrumpido varias veces por Petronila, queda con Ana en verse por la tarde en la catedral.

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Al cabo de un tiempo Quintanar convence a Ana para ir a un baile del casino, con permiso del Magistral. Ana siente en ese momento algo especial, por primera vez alguien la abrazaba, la cogía con fuerza, y cae desmayada. Pronto la llevan a su casa donde recobra la memoria. El Magistral se muestra enfurecido, celoso y le dice a Ana que cómo se atreve a hacer lo que hizo la noche anterior. En ese momento Ana se da cuenta de que el Magistral la amaba, no como una hermana mayor que era lo que ella pensaba sino de verdad, para él. Pero al cabo de un tiempo Ana decide ir un día a la iglesia y piensa que tal vez ha exagerado y no debería dejar de ver al Magistral, le escribe una carta en la que dice que le perdona y que quiere volver a seguir ese camino de religiosidad.

El Magistral se llena de felicidad, mientras su madre se enfurece al pensar que su hijo podía estar otra vez con Ana. Mientras tanto, a Don Víctor de Quintanar le irrita ver a su mujer todo el día en la catedral y dice que prefiere ver a su mujer en manos de un amante que en brazos del fanatismo,. El día de San Pedro lo celebran comiendo todos juntos. Al comenzar una tormenta, los hombres se alarman y salen a buscar a las mujeres.