Prometeo encadenado: Traducción de Marcelino Menéndez y Pelayo

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Contents

  1. Imgur: The magic of the Internet
  2. Teatro selecto de Calderón de la Barca (tomo 1 de 4)
  3. Compartir este libro en mis redes
  4. Oh no, there's been an error

Gener, la errónea creencia de que todos los hombres somos iguales. Para el Sr. A mi ver, el Sr. La acusación contra el Cristianismo me parece tan infundada como la acusación contra las ideas revolucionarias en este punto. Igualdad tan justa no se comprende que pueda ser destruida por la doctrina de la humanidad ascendente, que el Sr. Gener sostiene con tanto entusiasmo. En el modo de entender la igualdad cristiana, el Sr. Gener, obcecado por la pasión antireligiosa, incurre en varios errores.

Imgur: The magic of the Internet

Sin duda que el alma fervorosamente cristiana, cuando se dirige a Dios en sus rezos y hablas interiores, se pone muy humilde, se califica de indigna, de pecadora, de perversa, de todo lo malo y ruin que pueda imaginarse; pero de sobra se comprende que esto lo dice y lo confiesa el alma cuando se compara con un ideal supremo de perfección, de rectitud, de bondad y de hermosura, término altísimo de todas sus aspiraciones y blanco inasequible de sus miras y anhelos.

Cuando esta misma alma cristiana, no por los actos virtuosos que ha realizado, porque esto sería faltar a la modestia, sino por la capacidad que en sí siente y por el noble destino para el que Dios la crió, se contempla y examina a sí propia, en vez de ser bajo el concepto en que se tiene, es tan sublime concepto, que no se le aventaja el de ninguna criatura de las que ve o puede ver, ni de las que imagina o finge, ni de las que por fe o revelación conoce.

Arrepiéntase, pues, el Sr. Gener de su declamación contra la igualdad cristiana fundada en lo miserables que somos. Si lo dicho es confesión de ruindad y de real menosprecio de sí mismo, venga Dios y lo vea , como vulgarmente se dice. La igualdad, por consiguiente, se da en el Cristianismo en potencia: en la potencia infinita que tenemos todos de ser llamados hijos de Dios y herederos inmortales de su reino y de su gloria.

Y lo que es en acto, como la igualdad sería absurda, desigualdad es lo que hay, ya que unos son réprobos y santos otros; unos justos y otros pecadores, y unos monaguillos y sacristanes y otros Abades mitrados, Arzobispos y hasta Papas. Gener, declamando contra ella suponiéndola rémora del progreso, harto llano es hacer defensa parecida.

No refutaré yo los mil argumentos que contra él se hacen: los aceptaré como fundados; pero, sobre todos esos argumentos, hay una razón poderosa que los invalida y destruye. Sin duda que en una asociación de hombres para determinada empresa, a cuyo buen éxito concurren unos con el capital, otros con la inteligencia, otros con su habilidad, pericia y destreza en tal o cual arte u oficio, y otros sólo con el rudo trabajo de sus manos, el sufragio universal por igual sería absurdo, así como también lo sería el igual reparto de las ganancias y provechos.

Pero la sociedad política, la ciudad o el Estado, es asociación de muy distinta índole y propósito. Su principal fin es amparar a los hombres en el libre ejercicio de sus derechos, reprimir toda violencia que los merme y no poner la menor traba a la actividad benéfica de cada individuo. En esto no cabe la menor desigualdad entre los asociados. Casi estoy por decir, o sin casi lo digo, que el jornalero que gana dos o tres pesetas al día tiene el mismo derecho, y acaso mayor interés, que el capitalista que goza tres mil duros de renta diarios, en que el Gobierno sea bueno, atinado y juicioso.

La flamante aristocracia, o dígase la superhumanidad, no quiere el Sr. Una piratería mercantil, un feudalismo industrial han venido a afligir a la humana especie con unos Gobiernos de nulidad, juguete de la bancocracia, que protegen sólo a los ineptos adherentes y dificultan el desarrollo de todas las verdaderas fuentes de vida. El prosaísmo ha tronado en soberano sic : los valores han caído en poder de los malvados.

Si tan feos rasgos son exactos, si es así la sociedad presente, o bien no vamos por el camino del progreso, o bien hemos caído, con el carro que nos conduce, en un barranco o atolladero de todos los diablos. Gener, son una caterva de majaderos, criminales y bellacos los que triunfan, se encaraman y lo gobiernan todo, mientras que los superhombres andan por ahí desperdigados, con poquísimo dinero, sin poder y sin influjo, y tal vez haciendo observaciones y experiencias, y escribiendo librotes que casi nadie lee.

Prescindamos ahora de los mencionados reparos; quitemos valor a los argumentos que el mismo Sr. Gener, y si no la imposibilidad, la dificultad mayor cada día de que nadie sobresalga y descuelle. Si la paz perpetua se realiza y las guerras se acaban, adiós virtudes bélicas, grandes capitanes y héroes valerosos. Ya sabemos que la completa igualdad es imposible. Y esto en todo y para todos. Hoy, por el contrario, los medios que se emplean son enormes; la acción, desmayada y lenta; los resultados, mezquinos.

Teatro selecto de Calderón de la Barca (tomo 1 de 4)

Sin duda, la civilización niveladora e igualitaria de que hemos hablado tiene de esto la culpa. El desdoble del linaje humano en porción de superhombres y en porción de menos que hombres o de hombres decaídos, que es una de las fases de la profecía disyuntiva del señor Gener, no da indicios de que llegue a realizarse. Y lo que es yo me alegro en lugar de sentirlo. Me dolería en extremo quedarme entre los individuos de la humanidad decaída: y también me dolería, porque soy filantrópico, cariñoso y bueno, aunque me esté mal el decirlo, encumbrarme y darme tono entre los seres superhumanos, dejando a tanto cuitadillo prójimo mío cayendo lastimosamente y degenerando hacia la animalidad primitiva.

Quiera Dios que así sea. Gener no lo profetice. Gener y a su doctrina del superhombre.

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El ser humano, tal como hoy existe y tal como ha existido siempre desde que tenemos noticia de él por la Historia, dista infinito de Dios, para quien en Dios cree, o de la razón impersonal o de la super alma , como la llama Emerson, para los descreídos. En los tres o cuatro mil años que conocemos de historia, debiera advertirse que por sus pasos contados vamos acortando esta distancia.

Yo, sin embargo, lo advierto poco. Todos los inventos, adelantos y mejoras que el hombre ha hecho, me parecen, si de acortar esta distancia se trata, como la cantidad de agua que un niño sacase del mar con una escudilla para dejarle en seco. En todo esto hay negación de progreso. La distancia, con ser infinita, que de la inteligencia soberana le tiene separado, puede salvarse en cualquier época, por favor del cielo, por rapto de amor divino, por galardón precioso concedido a una singular persona y que nada tiene que ver con el progreso.

Lo que es como serie de grados que nos acerque a la perfección, no se ve el camino que nos conduzca al punto en que la superhumanidad aparezca. Ni casi con otros seres de diversa casta que el hombre acierto yo a poner jalones en dicho camino. Casi estoy por afirmar que, en lo radical y substancial, entre Dios y el hombre, no se descubre excelencia intermedia. Todos los seres con apariencias de superiores a nosotros, se nos someten y se ponen a nuestro servicio.

Oh no, there's been an error

En otras mejoras, que pudiéramos lograr con el tiempo, noto yo que surge en seguida la contradicción. Pues en mi sentir, no podría ocurrir nada peor. Entonces sí que la virtud no sería sino un nombre. Posible es, no obstante, que el superhombre sobrevenga. Lo que es de las habilidades de Sarah Bernard y de los ingeniosos escritos de Juan Richepín, aunque yo los celebro porque me deleitan y me encantan, no me atrevo a inferir que dicha aparición esté próxima.

Entre las mil desventuras que afligen hoy a la madre España, no es la menor el prurito de remediarlas que se ha apoderado de multitud de personas. Brotan de este prurito, como de abundante venero, arengas políticas y sociales, artículos de fondo, novelas y dramas y no pocos libros científicos, o casi científicos, que bien pudiéramos calificar de terapéutica política o de psicoiatría endémica.

Y no se entienda que condene yo el prurito, que es natural e invencible, ni menos el resultado, que, si no llega a ser provechoso, es sin duda, o puede ser, ya divertido, ya interesante. Por lo pronto, me limitaré a indicar aquí varias dudas que se me ofrecen, porque yo creo que en toda ciencia o en todo arte de medicina lo primero ha de ser el conocimiento de la enfermedad, y lo segundo hallar y aplicar el remedio.

La enfermedad permanece oculta a menudo, y sólo se conocen síntomas, fenómenos externos, visibles o tangibles, que son efecto y no causa. La decadencia, la postración, la degeneración, o como queramos llamarla, no es, por consiguiente, absoluta, sino relativa. Hay cierta manera de discurrir de la que muchos sujetos no se dan cuenta. Discurren sin percibir que discurren, y las consecuencias que sacan suelen ser muy crueles.

Pongamos un ejemplo que aclare y explique mejor esta idea. Figurémonos a una dama, hermosa y rica, que quiere vivir y vive en España con todos los refinamientos y primores que ahora se estilan. Realizado todo esto, sobreviene fatalmente el discurso antes indicado. Me conviene, pues, desdeñar por que deben tener poquísimo valor y ser muy latosas , como se dice ahora, las novelas, las poesías y hasta las filosofías de mi tierra. No se me tilde de delator.

Yo no delataría ni acusaría a la dama, si ella sola pecase. Tire la primera piedra contra la culpada quien se considere inocente. No repruebo yo en absoluto la imitación; pero es menester que el recto juicio se adelante a desechar lo malo y a elegir lo bueno para que después se imite.

Lo lastimoso es que imitemos sin la mencionada previa selección, que toda simpleza o extravagancia transpirenaica nos seduzca, y que nos dejemos arrebatar por el entusiasmo sin que haya criterio razonable que nos refrene. Siempre condeno yo o deploro este remedo, esta carencia o escasez de originalidad castiza; pero me parece difícil o imposible de evitar que así sea, y absuelvo al escritor o al pensador en quien noto esta falta. Ya desde muy antiguo sonaba en las aulas cierto familiar proverbio que he de atreverme a citar aquí, porque viene en apoyo de mi aserto, aunque se vale de palabras nada bonitas ya de puro vulgares.

Muéveme a decir esto la lectura de un libro reciente titulado Inducciones , debido al notable y cultivadísimo ingenio y al elocuente entusiasmo del Sr. Mucho me complace coincidir con autor tan entendido en tener el mismo concepto de la filosofía. Indiscutible es para mí que no se filosofa bien sin previo conocimiento empírico de aquello sobre que se filosofa, y que cuando no filosofamos sobre algo, la filosofía tiene que ser vana y mero juego de palabras vacías de sentido.

Ahora bien: como desde hace mucho tiempo, y sea por lo que sea, no nos hemos lucido los españoles en las ciencias de observación y en el estudio de la naturaleza o del universo visible, bien se puede inferir que la corona de dichas ciencias y de dicho estudio, o sea la filosofía, o tiene que ser entre nosotros anacrónica y fuera de moda, o hasta cierto punto tiene que ser importada, como el telégrafo eléctrico, la fotografía, el teléfono, el fonógrafo y no pocas otras invenciones sutiles y pasmosas. No se extrañe, pues, que importemos en España filosofía como importamos las invenciones mencionadas.

Conviene, no obstante, hacer una distinción. Tomemos para ejemplo cualquiera de los precitados artificios: el teléfono, pongamos por caso. Su utilidad y su realidad se hallan tan probadas, que no hay medio de que nos engañemos. Yo creo que ya hemos aprendido, y que en España telefoneamos tan bien como en cualquiera otro país del mundo. Puede acontecer igualmente algo contrario a lo que acontece con los inventos de las ciencias naturales, que van todos de acuerdo y no se oponen unos a otros ni braman de verse juntos, como vulgarmente se dice.

En las doctrinas filosóficas, si las tomamos de aquí y de allí, sin mucho criterio, y nos empeñamos en amalgamarlas, resulta o puede resultar una mezcla desatinada e informe, un conjunto de ideas que se rechazan y se excluyen. Es la segunda observación, que aun suponiendo todo cuanto yo encuentre en el libro del Sr. Gener contradictorio y absurdo, no se amengua el valor estético del libro ni se deshace el encanto que su lectura produce.

No necesito yo creer que irritado Apolo por la ofensa hecha a su sacerdote, bajó furioso del Olimpo y mató a los aquivos a flechazos, ni que Ulises y Pirro se escondieron en el hueco vientre de un caballo de madera, para deleitarme leyendo las hermosas epopeyas de Homero y de Virgilio. Todavía nos asiste Dios, nos guía y nos conforta. Las ruinas no deben entristecernos ni arredrarnos.


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No hay revolución ni cataclismo que baste a derribar el edificio erigido por esa nuestra fe superior e inmortal, ni que pueda conmover la base. De la admirable catedral inmensa, Como el espacio transparente y clara, Que tiene por sostén el hondo anhelo De las conciencias, la piedad por ara Y por nave la bóveda del cielo. En este punto capital todos estamos de acuerdo.

Toquemos ahora aquellos otros puntos en que no puede menos de haber discrepancia. No hemos de discutir aquí el transformismo de Darwin. Humanado ya, bien podemos cifrar toda su ulterior historia en estos hermosos versos del ya mencionado poeta:. Alas resplandecientes a su idea; Valor al débil, libertad al siervo,. A las entrañas de la nube el rayo Y el cetro a la infecunda tiranía. Pompeyo Gener ya los designa, calificación ominosa, anatema lanzado sobre ellos y que al sacrificio y a la desaparición los predestina.