Reflexiones de un jubilado

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Contents

  1. Reflexiones de un jubilado - Punto Rojo Libros
  2. La otra mirada. Reflexiones de un jubilado latinoamericano acerca del trabajo.
  3. Artículos relacionados
  4. Reflexiones de un pensionista
  5. Reflexiones incómodas sobre la jubilación

Nos hacíamos confidencias tratando de aparentar gran conocimiento en cuanto a chicas se refiere y experiencias que solo existían en nuestros deseos.

Carta de un jubilado a su amigo spcologo

A nosotros solo nos preocupaba la postura en el baile para sentir el calor femenino en nuestro cuerpo. Cuando éramos jóvenes, un poema era una idea, una flor un mensaje, una melodía una ocasión y una sonrisa una invitación. Cuando éramos jóvenes, un estremecimiento entre nuestros brazos llenaba de gozo el atardecer. Cuando éramos jóvenes, la penumbra en el apartado rincón, se convertía en nuestra aliada, guardando secretos del corazón.

Cuando éramos jóvenes, un susurro en el oído, se convertía en la mejor canción. Cuando éramos jóvenes, los caminos no tenían fin y el despejado horizonte, nuestro destino. Cuando éramos jóvenes no conocíamos el valor del dinero ni el precio del riesgo. Cuando éramos jóvenes creíamos que todo el mundo era bueno. Nos mecíamos en sueños con los ojos abiertos y prisa por cumplir objetivos, por abrir puertas y ventanas, quemando etapas. Esa era la exigencia primigenia de nuestra juventud: la lucha contra la imposición. Éramos lo que entonces se conoció como rebeldes sin causa. Posiblemente debería sentirme afligido cuando observo que el recuerdo se torna imagen y la imagen se vuelve borrosa, pierde perfiles que se desgajan en girones azotados por la nebulosa del tiempo.

Que lo que antes solo era un reto, ahora se convierte en misión de imposible cumplimiento. Que el conocimiento y el saber producto del estudio, va desapareciendo entre arrugas de piel de impertinente consistencia. Que solo el sentimiento permanece altivo, aunque a veces pierde el horizonte.

Reflexiones de un jubilado - Punto Rojo Libros

Que los signos convencionales se vuelven jeroglíficos y la pretensión de ser, trasnocha entre el ocaso y la penumbra del incierto amanecer. Sin embargo ante estas evidencias de apresurado transito que muestran estas secuelas de quebranto, siempre que tengo oportunidad, elevo los ojos para dar gracias por el tiempo concedido por el Hacedor, que me ha permitido conocer la vida en todo su esplendor y la belleza que encerraban en su interior algunas de las personas que conocí y que desgraciadamente, atesorando mayores meritos que los míos, se quedaron por el camino.

Hay quien la emplea para disimular la edad porque odian que les llamen "mayores", "ancianos" e incluso porque haberlos haylos que nos dicen "viejos". Es muy trabajoso. De manera que pensar en aprender a no trabajar es algo que requiere también alguna imaginación. Pero primero hay que romper con la idea de que el adulto mayor es como un mueble viejo que estorba, que no sirve para nada, porque él termina por creérselo. Así, empiezan a aparecer sensaciones en la gente que no son ciertas.

La otra mirada. Reflexiones de un jubilado latinoamericano acerca del trabajo.

Simplemente cambian el entorno y la proximidad, y eso hay que entenderlo. La mayoría son amigos del poder o amigos de las relaciones que puedan tenerse. Los de verdad, verdad, que llegan al corazón son muy pocos. De manera que tampoco puede engañarse, como el vallenato que decía tener amigos íntimos. Realmente las relaciones de verdad son muy pocas, son amigos que nacen en la infancia o en la juventud o son también la familia. Cambia la rutina. Antes salía todos los días a cierta hora a trabajar y resulta que ya sale y no tiene a dónde ir.

Entonces tiene que prepararse para lo que viene en esa etapa y entender que bien construida es muy buena. Lamentablemente, mucha gente se notifica del cambio de vida en el mismo momento que termina su trabajo profesional. Y nunca merecí una beca porque no fui un estudiante que mereciera becas, es la verdad. Total, no me pude ir a estudiar, pero tenía todo hecho, los crespos hechos, como se dice.

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Haciendo lo que hacen los estudiantes desde siempre: cuidando niños, cuidando ancianos, sirviendo en un café, en restaurantes, vendiendo boletas en una taquilla, paseando perros en las calles, lo que sea. Yo hice un doctorado en cuatro años y ellos se gastan generalmente seis. A mí me faltó una cosa que me da mucha pena confesarla: imaginación. Nunca abandoné ese proyecto. Repito, es un caso muy particular. Lo que quiero decir con todo esto es que lo que hice fue tratar de volver ese sueño realidad.

Reflexiones de un pensionista

O sea, un gran error es abrazar un sueño irrealizable, utópico, porque no se cumple y por consiguiente uno se frustra. Pero si el sueño es un sueño aterrizado…. Tengo la fortuna de tener una compañera, mi señora, que es la misma desde hace 43 años, que comparte la debilidad y la afición que puedo sentir por estudiar y aprender. Esa es una posición frente a la vida que posiblemente no es muy frecuente.

Ella la comparte y si no fuera así, entonces no podría empezar una aventura de estas.


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Mis hijos ya se habían criado, ya se habían educado, de manera que yo también podía hacer eso. Para aprender, la sociedad tiene que ocuparse de darles instrumentos a las personas.

El Estado como tal tiene una responsabilidad muy grande para administrar la población que le corresponde administrar de adultos mayores. Tiene que haber sistemas para que cuando se empiezan a dar limitaciones, digamos en movilidad, la gente pueda moverse. Tiene que haber una oferta cultural muy grande, gratuita, amplia, de buena calidad.

En una sociedad como Francia, que posee una tradición humanística muy larga, es muy fuerte la oferta. Diariamente, puede haber 50 conferencias gratuitas en París, de todo lo habido y por haber: de historia, de arte, literatura, cocina, pastelería, artesanías. Las alcaldías de los barrios tienen unas ofertas culturales muy amplias y ofrecen posibilidades en deportes y entretenimiento.

De esa forma, una persona adulta mayor o no, puede acudir gratuitamente a una oferta de conferencias, charlas y actividades. Hay entonces, en otras palabras, oferta cultural. La municipalidad, el Estado como tal, es consciente de que tiene que haber una oferta para eso. Dónde encuentra uno una oportunidad de esas. La exigencia para poder participar, porque había limitación de sillas y de salas donde proyectaban el evento por pantallas, era hacer una cola muy grande y llegar temprano porque si no, no había dónde sentarse. Esto lo que quiere decir es que la apertura de los espacios académicos y los aspectos culturales que tiene la misma ciudad, las mismas escuelas, los mismos colegios es una base donde habría espacios.

En otras palabras, hay que tener manera de transmitir el conocimiento, y una opción es que el Estado se haga un poco cargo de eso. Pasé, repito, de trabajar en una compañía como Suramericana, donde trabajé muchos años, a sentarme en un pupitre que estaba a 38 años de distancia de mi vida. El esfuerzo y el engranaje fueron muy difíciles. También aprendí a vivir una vida muy simple.

Reflexiones incómodas sobre la jubilación

Uno tiene que hacer todo. A propósito, cuando trabajaba en Suramericana tuve un conductor a quien quise mucho, trabajó veinte años conmigo. Él tenía razón.

Parte de lo que me tocó hacer a mí fue comprobar mis absolutas limitaciones. Les confieso una cosa: mientras estuve en Suramericana no sabía hacer cola.

¿Cómo publicar un libro?

Cuando se llega a París, se encuentra con una costumbre y con una cultura que es la cultura de la fila, por cualquier calle de París se puede armar de pronto una cola y muchos entran en ella sin saber para dónde va. Es una cosa que va contra la realidad, es una burocracia absorbente, bestial. Pero si es en un fin de semana, son 48 horas.


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En todo, uno tiene que valerse por sí mismo, y si no lo hace, simplemente desaparece porque no hay quien lo haga por usted.