Teoría poética y estética (La balsa de la Medusa nº 39)

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Articles

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El es, en los hombres de espiritu, una necesidad vital. Inspiro, a cada uno segiin su naturaleza, el espiritu de la lucha — extrana lucha intelectual — ; todos los medios del arte de los versos, todos los artificios de retorica y de prosodia conocidos fueron recordados; muchas novedades conminadas a presentarse a la cons- ciencia sobreexcitada.

Reseñas de libros

No es otro el secreto de este movimiento. La oscuridad, las rarezas que tanto se le reprocharon; la apariencia de relaciones demasiado intimas con las literaturas inglesa, eslava o germanica; los desor- denes sintacticos, los ritmos irregulares, las curiosidades del vocabulario, las figuras continuas En vano se aferraban los observadores de taks experiencias, y aquellos mismos que las practicaban, a esa pobre palabra de Simbolo. Solo contiene lo que uno quiere; si alguien le atribuye su propia esperanza, ;la encuentra! Pero estabamos nutridos de miisica, y nuestras cabezas literarias unicamente sonaban con obtener del lenguaje casi los mismos efectos que producian las causas pura- 14 mente sonoras sobre nuestros entes nerviosos.

Unos, Wagner, otros amaban a Schumann. Podna escribir que los odiaban. A la temperatura del interes apasionado, esos dos estados son indiscernibles. Una exposicion de las tentativas de esta epoca requerina un trabajo sistematico. Raramente se han consagrado, en tan pocos anos, mayor fervor, mayor audacia, mayores investigaciones teoricas, mayor saber, mayor atencion piadosa y mayores disputas, al problema de la belleza pura. Se puede decir que fue abordada por todas partes.

El lenguaje es algo complejo; su multiple naturaleza permite a los investigadores la diversidad de ensayos. Algunos, que conservaban las formas tradicio- nales del Verso frances, se ejercitaban en eliminar las descripciones, las sentencias, las moralidades, las preci- siones arbitrarias; purgaban su poesia de casi todos esos elementos intelectuales que la musica no puede expresar. Otros daban a todos los objetos significaciones infinitas que supoman una metafisica oculta. Se valian de un delicioso material ambiguo. Poblaban sus parques en- cantados y sus selvas evanescentes de una fauna ideal.

Cada cosa era alusion; nada se limitaba a ser; todo pensaba en esos reinos ornados de espejos; o, al menos, todo parecia pensar En otra parte, algunos magos mas voluntariosos y mas razonadores acometian la antigua prosodia. Parecia que para algunos la audicion coloreada y el arte combinatorio de las aliteraciones ya no tenian secretos; trasladaban deliberadamente los timbres de la orquesta a sus versos: no siempre se enganaban. Otros recuperaban sabiamente la ingenuidad y las gracias espontaneas de la antigua poesia popular.

La filologia y la fonetica eran citadas en los eternos debates de esos rigurosos amantes de la Musa. Una juventud bastante severa rechazaba el dogma cientifico que empezaba a no estar de moda y no adoptaba el dogma religioso que todavia no lo estaba; creia encontrar en el culto profundo y minucioso del conjunto de las artes una disciplina, y puede que una verdad, sin eqmvoco. Poco falto para que se estableciera una especie de religion Pero las mismas obras de esa epoca no revelan positivamente esas preocupaciones. Todo lo contrario, hay que observar con detenimiento lo que prohiben, y lo que dejo de aparecer en los poemas, durante el periodo del que hablo.

Parece que el pensamiento abstracto, en otro tiempo admitido en el Verso mismo, habiendose hecho casi imposible de combinar con las emociones inmediatas que se deseaba provocar a cada instante, exilado de una poesia que se quena reducir a su propia esencia, ame- drentado por los efectos multiplicados de sorpresa y de musica que el gusto moderno exigia, se hubiera trasla- dado en la fase de preparacion y en la teona del poema. La filosofia, e incluso la moral, tendieron a huir de las obras para situarse en las reflexiones que las preceden.

Se trataba de un autentico progreso. La filosofia, si se le descubren las cosas vagas y las cosas refutadas, se reduce ahora a cinco o seis problemas, precisos en apariencia, indeterminados en el fondo, negables a vo- luntad, siempre reducibles a querellas lingiiisticas y cuya solucion depende de la manera de escribirlos. Pero el interes de esos curiosos trabajos no es tan menguado como se podna pensar: reside en esa fragilidad y en esas mismas querellas, esto es, en la delicadeza del aparato logico y psicologico cada vez mas sutil que exigen que se emplee; ya no reside en las conclusiones.

Hacer filosofia ha dejado de ser emitir consideraciones incluso 16 admirables sobre la naturaleza y sobre su autor, sobre la vida, sobre la muerte, sobre la duracion, sobre la justicia Nuestra filosofla esta definida por su aparato, y no por su objeto. No puede separarse de sus dificul- tades propias, que constituyen su forma; y no adoptaria la forma del verso sin perder su ser, o sin corromper el verso, Hablar hoy de poesia filosofica aun invocando a Alfred de Vigny, Leconte de Lisle y algunos otros es confundir ingenuamente las condiciones y las aplicaciones del espiritu incompatibles entre si.

Este, a un cuarto de siglo de distancia, y separado de ese dia por un abismo de acontecimientos, me parece en conjunto el gran designio de los simbolistas. No se lo que la posteridad retendra de sus multiformes esfuer- zos, ella que no es necesariamente un juez lucido y equitativo. Semejantes tentativas van acompanadas de audacias, de riesgos, de crueldades exageradas, de infan- tilismos La tradicion, la inteligibilidad, el equilibrio psiquico, que son las victimas ordinariae de los movi- mientos del espiritu hacia su objeto, han sufrido en ocasiones por nuestra devocion a la mas pura belleza.

Nuestro lenguaje no siempre fue tan digno de alabanzas y de duracion como nuestra ambicion le deseaba; y nuestras innumerables tesis pueblan melancolicamente el dulce infierno de nuestro recuerdo Se ha llegado al descubrimiento de que la luz puede envejecer? Se proponen dos explicaciones de esta especie de ruina. Podemos pensar, en primer lugar, que eramos las simples victimas de una ilusion espiritual.

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Una vez disipada, nos quedana unicamente la memoria de actos absurdos o de una pasion inexplicable Pero un deseo no puede ser ilusorio. Nada es mas especificamente real que un deseo, en tanto que deseo: semejante al Dios de san Anselmo, su idea, su realidad, son indisolubles. Hay por tanto que buscar otra cosa, y encontrar para nuestra ruina un argumento mas ingenioso.

Hay que suponer, por el contrario, que nuestra via era la unica; que mediante nuestro deseo llegabamos a la esencia misma de nuestro arte, y que verdaderamente habiamos descifrado el significado de conjunto de las labores de nuestros ancestros, recogido lo que se manifiesta mas delicioso en sus obras, compuesto nuestro camino con esos vestigios, seguido hasta el infinito esa pista preciosa, favorecida de palmas y de pozos de agua dulce; en el horizonte, siempre, la poesia pura Alii el peligro; alH, precisamente, nuestra perdida; y alii mismo, el fin. Nada tan puro puede coexistir con las condiciones de la vida.

Atrave- samos solamente la idea de la perfection como la mano corta impunemente la llama; pero la llama es inhabitable, y las moradas de la serenidad mas elevada estan necesa- riamente desiertas. Quiero decir que nuestra tendencia hacia el extremo rigor del arte — hacia una conclusion de las premisas que nos proponian los logros anterio- res — , hacia una belleza siempre mas consciente de su genesis, siempre mas independiente de sus sujetos, y de los incentivos sentimentales vulgares lo mismo que de los burdos afectos de la grandilocuencia — todo ese celo excesivamente ilustrado conducia tal vez a un estado casi inhumano —.

Se trata de un hecho general: la metafisica, la moral, e incluso las ciencias, lo han experimentado. La poesia absoluta solo puede proceder por maravillas excepcionales: las obras que compone constituyen ente- ramente lo que se advierte de mas raro e improbable en los tesoros imponderables de una literatura. Pero, como el vacio perfecto, y lo mismo que el grado mas bajo de la temperatura, que no pueden alcanzarse, que no se dejan aproximar sino al precio de una progresion agota- dora de esfuerzos, asi la pureza ultima de nuestro arte exige a los que la conciben tan largas y rudas obligaciones que absorben la alegna natural de ser poeta, para dejar por ultimo unicamente el orgullo de no estar nunca satisfecho.

Esta severidad resulta insoportable a la ma- yona de los jovenes dotados del instinto poetico; nuestros sucesores no han envidiado nuestro tormento; no han adoptado nuestras delicadezas; en ocasiones han tornado por libertades lo que nosotros habiamos ejerci- tado como nuevas dificultades; y a veces han desgarrado 19 lo que nosotros solo pretendiamos disecar. Han reabierto tambien sobre los accidentes del ser los ojos que nosotros habiamos cerrado para parecernos mas a su sustancia Todo ello era de prever.

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Pero tampoco la continuacion era imposible de conjeturar. Aqui y alia veo hacerse ese trabajo natural en algunos espiritus. La vida no procede de otro modo; y ese mismo proceso que se observa en la sucesion de los seres, y en el que se combinan la continuidad y el atavismo, lo reproduce la vida literaria en sus encadena- mientos Esto es lo que le decia al Sr. Fabre, un dia que habia venido a hablarme de sus busquedas y de sus versos.

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No se que espiritu de imprudencia y de error habia inspirado a su alma sabia y clara el deseo de interrogar a otra que no lo es demasiado. Buscabamos explayarnos sobre la poesia, y aunque ese genero de conversacion pase y repase muy facilmente por el infinito, lograbamos no perdernos.

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Es que nuestros pensamientos diferentes, cada uno moviendose y transformandose en su infran- queable dominio, conseguian mantener una notable correspondencia. Un vocabulario comun — el mas preciso que existe — nos permitia a cada instante no desavenir- nos.


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El algebra y la geometna, sobre cuyo modelo me cercioro de que el futuro sabra construir un lenguaje para el intelecto, nos permitian, de vez en cuando, intercambiar signos precisos. Encontraba en mi visitante uno de esos espiritus por los que el mio siente debilidad. Me gustan esos amantes de la poesia que veneran demasiado lucidamente a la diosa para dedicarle la 20 flojedad de su p'ensamiento y el relajamiento de su razon.

Saben que no exige el sacrifizio delVlntelletto. Ni Minerva, ni Palas, ni Apolo cargado de luz aprueban esas abominables mutilaciones que algunos de sus des- orientados devotos infligen al organismo del pensamiento; los rechazan con horror, portadores de una logica sangrienta que acaban de arrancarse y quieren consumir sobre sus altares. Las verdaderas divinidades no gustan de las victimas incompletas.

Sin duda piden hostias; es la exigencia comun a todas las potencias supremas, pues tienen que vivir, pero las quieren enteras. El Sr. Lucien Fabre lo sabe bien. No en vano se ha dado una cultura singularmente densa y completa. El arte del ingeniero, al que consagra no la mejor, pero quizas si la mayor parte de su tiempo, requiere ya largos estudios y conduce al que se distingue a una compleja actividad: hay que manejar al hombre, inspec- cionar la materia, toparse con problemas imprevistos, en los cuales la tecnica, la economia, las leyes civiles y las leyes naturales introducen exigencias que contradicen las soluciones satisfactorias.

Ese genero de razonamiento sobre sistemas complejos no se presta a tomar forma general. No existen formulas para casos tan particulares, ni emociones entre dos temas tan heterogeneos; nada se hace sobre seguro, e incluso los tanteos no son aqui otra cosa que tiempos perdidos si no los orienta un sentido muy sutil. A los ojos de un observador que sepa ignorar las apariencias, esta actividad, esas dudas meditadas, esa espera en la tension, esos hallazgos, son bastante comparables a los momentos interiores de un poeta. Pero hay pocos ingenieros, me temo, que sospe- chen estar tan proximos como sugiero a los inventores de figuras y a los a just adores de palabras No hay muchos mas que hayan practicado, como lo ha hecho el 21 Sr.

Fabre, profundos boquetes en la metafisica del ser. Ha frecuentado las filosofias. La teologia misma no le es desconocida. No ha creido que el mundo intelectual fuera tan joven y restringido como el vulgo actual lo imagina. Fabre no ha reculado ante el hebreoL.